El Alzheimer ya se detecta antes de que aparezcan los primeros síntomas: un diagnóstico de demencia importa

22 de septiembre de 2026
Manos armando un rompecabezas.

Cada pieza cuenta: hablemos del Alzheimer. Con la neuróloga Alejandra Guerrero y la psicóloga Sandra Báez.

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Un examen de sangre disponible en varios laboratorios de Colombia permite hoy detectar los cambios cerebrales que causan la enfermedad de Alzheimer antes de que se manifieste en la memoria o el comportamiento de una persona. Hace una década, la única manera de confirmar el diagnóstico era la autopsia. El avance no cambia solo la forma de diagnosticar: abre la puerta a tratamientos que buscan ralentizar el curso de la enfermedad y no únicamente controlar sus síntomas.

Un asunto de la mayor trascendencia, que se pone en la agenda del Día Mundial del Alzheimer, cuya conmemoración es cada 21 de septiembre, como lo estableció la Organización Mundial de la Salud (OMS) y lo auspició Alzheimer’s Disease Internacional (ADI) en 1994. Precisamente, esta última organización impulsó como lema para este año: “Cuanto antes lo sepas, más puedes hacer: un diagnóstico de demencia importa”.

«Hace 10 años, en el momento en que yo estaba estudiando neurología, la única manera de diagnosticar el Alzheimer era que la persona se muriera y que se tuviera el cerebro enfrente con un microscopio», cuenta la neuróloga Alejandra Guerrero, especialista en neurología cognitiva, para referirse a los avances en el diagnóstico.

El Alzheimer es la causa más común de demencia. Afecta principalmente a personas mayores de 65 años, aunque también pueden darse casos antes de esa edad.  Se produce por la acumulación de dos proteínas en el cerebro, la beta amiloide y la tau. Estas proteínas existen de forma natural, pero cuando se acumulan de forma anormal forman placas y ovillos que dañan las neuronas y afectan la memoria.

Guerrero explica que existen tres formas de medirlas: mediante imágenes de medicina nuclear, conocidas como PET de amiloide y de tau, a través del líquido cefalorraquídeo (el que recubre el cerebro) y, desde hace poco, con un examen de sangre conocido como p-TAU 217.

«Es un examen fácil de hacer. Únicamente se toma una muestra de sangre y con esto ya se sabe si existen o no estas proteínas en el cerebro», explica la neuróloga. Un resultado positivo no confirma por sí solo la enfermedad: únicamente muestra cambios que pueden llevar a ella, y debe interpretarse junto con la evaluación clínica del paciente. El examen ya se encuentra disponible en Colombia, aunque su costo no está cubierto por las EPS.

De los síntomas leves a la dependencia total

Con estos biomarcadores, los médicos identifican hoy todo el espectro de la enfermedad. Primero, personas con los cambios en el cerebro, pero sin ningún síntoma. Segundo, personas con síntomas leves como olvidos esporádicos. Tercero, personas en la fase llamada deterioro cognitivo leve, con problemas de memoria ya notorios para la familia, aunque mantienen su independencia.

La última fase es la demencia, sucede cuando la funcionalidad se pierde de forma progresiva: primero las tareas avanzadas, como usar un computador, luego las instrumentales, como el celular o un cajero electrónico, y en los estadios más avanzados las tareas básicas de la vida diaria, como comer o ir al baño.

«Esto pasa en años. La enfermedad de Alzheimer no progresa de un día para otro», precisa Guerrero.

Para la experta, el principal obstáculo para un diagnóstico oportuno es cultural: la costumbre de normalizar la pérdida de memoria en la vejez.

«A la abuelita se le están olvidando las cosas porque está viejita, entonces no la llevan al médico. Y cuando la llevan es cuando ya no puede hablar o cuando ya está en etapas más avanzadas de la enfermedad», explica.

Guerrero insiste en que la edad, por sí sola, no debe estar asociada con la pérdida de memoria. «No es normal perder la memoria con la edad», afirma, y recomienda consultar ante cualquier cambio, sin esperar un diagnóstico específico: existen pruebas de tamizaje que toman 15 minutos y permiten establecer si un olvido merece o no una evaluación más profunda.

Tratamientos que frenan, no curan

En los últimos 3 años llegaron al mercado los primeros anticuerpos monoclonales contra la proteína beta amiloide. Es decir, moléculas fabricadas en laboratorio y diseñadas para atacar específicamente esa proteína, como una llave hecha a la medida de una sola cerradura, con el objetivo de limpiarla del cerebro.

 «Se ha visto que los pacientes mejoran en su cognición o se demoran más en deteriorarse, pero por ahora no podemos decir que eso sea una cura», precisa Guerrero. El obstáculo, de nuevo, es el acceso: estos medicamentos, disponibles en Estados Unidos, Reino Unido y algunos países de Medio Oriente, todavía no llegan al mercado latinoamericano y su costo es alto.

Junto al tratamiento farmacológico, Guerrero recomienda terapia de lenguaje, terapia ocupacional, terapia física y rehabilitación cognitiva, es decir, ejercicios de memoria, musicoterapia y trabajo con fotografías, aplicados al menos dos veces por semana.

La desigualdad también pesa

La psicóloga Sandra Báez, profesora de la Universidad de los Andes, plantea que el riesgo de Alzheimer no depende solo de la genética o de los hábitos individuales. Una mayor exposición acumulada a estrés crónico, un menor acceso a educación y a servicios de salud, y una mayor carga de factores cardiovasculares, comunes en contextos de mayor desigualdad, afectan la reserva cognitiva (es decir, la capacidad del cerebro para seguir funcionando bien incluso cuando ya tiene cierto daño acumulado) y aumentan la vulnerabilidad frente a enfermedades como el Alzheimer.

Las recomendaciones de las dos especialistas coinciden en varios puntos: actividad física regular, que Guerrero describe como «el mejor ejercicio del cerebro» por encima de crucigramas o sudokus; una dieta cercana a la mediterránea, con aceite de oliva, pescado y verduras frescas, y bajo consumo de azúcar y alimentos ultraprocesados; control de la presión arterial, la glucosa y el colesterol, sueño suficiente y mantenerse intelectual y socialmente activo. Sobre el alcohol, Guerrero es categórica: «Cualquier cantidad de alcohol, así sea mínima, es tóxica para el cerebro».

Infografía de mitos y realidades del Alzheimer con foto de dos especialistas.
Neuróloga Alejandra Guerrero y la psicóloga Sandra Báez
Infografía con 7 tips para cuidar la memoria.
Pequeños hábitos, gran diferencia: 7 claves para cuidar tu memoria

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