Jaime Padra tiene 82 años. Hace parte del Comité Operativo de Envejecimiento y Vejez de la localidad quinta de Usme, en Bogotá. También es coordinador del Consejo de Sabios de esta localidad, función que cumple desde hace ocho años. Sus diferentes actividades lo obligan a transitar por su zona y por otros espacios de la capital de Colombia. Camina y utiliza transporte público de manera frecuente, pero sostiene que a veces esa actividad es poco placentera porque la ciudad no está diseñada para la movilidad de las personas de su edad.
“En el Transmilenio las personas mayores somos atropelladas para el abordaje. Nos encontramos en medio de las personas jóvenes, quienes se toman el derecho de estar adelante para ingresar. Así que somos abordados a empujones. La formalidad de las sillas azules no existe en este medio de transporte ni de ninguno, siempre están ocupadas por personas que no son de la edad de persona mayor”, comentó durante el conversatorio ‘Personas mayores en el transporte’, convocado recientemente por la Superintendencia de Transporte.
Esta parece ser la realidad de personas mayores en diferentes ciudades del país. Por ejemplo, en Cali el abordaje al servicio público también es una molestia para mayores de 65 años. La última encuesta de percepción ciudadana de Cali Cómo Vamos, de 2024, muestra que este grupo poblacional reportó insatisfacción con sus medios de transporte (MIO, buses/busetas/colectivos y taxi) por la incomodidad que tiene para entrar al servicio debido al torniquete y las aglomeraciones. Así mismo, señaló insatisfacción por la lejanía de los paraderos o estaciones, la demora en los trayectos y el atraso en el servicio lo que les genera incertidumbre.

En la Ciudad de la Eterna Primavera, la Encuesta de Percepción Ciudadana de 2025 de Medellín Cómo Vamos reportó que a esta población lo que le causa mayor insatisfacción con los medios de transporte masivos son las aglomeraciones, los robos y las demoras en los trayectos.
Aunque en Colombia la personas mayores representan casi 15% de la población y en los próximos 25 años se duplicará, según proyecciones del DANE, el transporte público no está diseñado para atender sus necesidades, que de una u otra manera son las mismas de una familia con niños pequeños y una persona con discapacidad. Un asunto de la mayor trascedencia, ya que el transporte público permite el derecho a la autonomía, la independencia y la libertad de locomoción, consagrado en el artículo 24 de la Constitución Política, como bien lo recordó en marzo pasado la Defensoría del Pueblo a propósito del caso de una mujer en Armenia, que por dificultades para ingresar al transporte público debido a su contextura física, se le impedía movilizarse.
De igual forma, el ente de control señaló que la movilidad es condición para ejercer derechos como la salud, el trabajo y la educación. Por ello, el transporte público “no es solo un servicio, sino una garantía del derecho a la ciudad, entendido como el derecho de todas las personas a habitar, circular y participar en la vida urbana en condiciones de igualdad y dignidad”. Además, advirtió que los diseños urbanos estandarizados pueden generar exclusiones estructurales, por lo que deben revisarse las diferentes barreras que puedan presentarse.
Diseño universal y no estandarizado
Precisamente, desde hace varios años la Organización Mundial de la Salud (OMS) alienta a los mandatarios a diseñar ciudades acordes con la edad de sus ciudadanos, es decir que desde el origen los entornos y los servicios sean accesibles para cualquier persona, sin importar sus características o condiciones. Es lo que se conoce como accesibilidad universal.
En el caso de las personas mayores, en Ciudades Globales Amigables con los Mayores: Una Guía, un documento escrito en 2007, la OMS registra los elementos que deben tener en cuenta las ciudades para ser más amigables con mayores de 65 años, esto con el fin de que tengan oportunidades de salud, participación y seguridad. “En términos prácticos, una ciudad amigable con la edad adapta sus estructuras y servicios para que sean accesibles e incluyan a las personas mayores con diversas necesidades y capacidades”. Sugiere que de esa manera se puede lograr que tengan un envejecimiento activo y la ciudad pueda aprovechar el potencial que representan para la humanidad.
Uno de los elementos claves para lograr este objetivo es el transporte. Así lo señalaron las personas mayores y las personas cuidadoras que fueron consultadas en 33 ciudades del mundo para articular el modelo de una ciudad amigable con los mayores. No hubo ninguna de Colombia, pero de esta zona participaron Canadá, Estados Unidos, México, Puerto Rico, Costa Rica y Brasil.
Una lista de 16 aspectos relacionados con la infraestructura, el equipamiento y los servicios relativos a todos los medios de transporte urbanos surgió de las conversaciones con los grupos focales. Sorprende que aunque las personas consultadas vivan en países como Turquía, Rusia, China, India o Pakistán, los aspectos que indicaron sean los mismos que mencionaron Jaime Padra y los ciudadanos consultados por los programas Cómo Vamos. En otras palabras, a la realidad colombiana o latinoamericana.
Por ejemplo, en Shanghai (China), las personas mayores y los cuidadores piden asientos prioritarios e iluminación de las paradas del transporte público. En Ponce (Puerto Rico), que las paradas de colectivo y la estación terminal se mantengan en buen estado de conservación. En Portland (Estados Unidos) que haya acceso a las paradas del transporte. En Nueva Delhi (India) solicitaron que los números que identifican las distintas rutas del transporte público colectivo se exhiban en forma clara y en Moscú (Rusia) recomiendan realizar educación pública sobre cortesía en el transporte público para que se respeten las sillas y los espacios preferenciales.
En términos generales, quienes fueron consultados expresaron inquietud por la indiferencia de los conductores, en especial de los colectivos, hacia las personas mayores. Una de las principales preocupaciones señaladas es que los conductores no esperan hasta que las personas mayores se hayan sentado antes de reanudar la marcha.
-“Puedo subir al colectivo, pero el instante que el conductor arranca, el colectivo se sacude y yo termino en el piso”, contó una persona mayor de Saanich (Canadá).
Las personas también se quejaron de que varias zonas de la ciudades no están cubiertas por el servicio de transporte, y de que tienen dificultades para cruzar de un extremo a otro de la ciudad por la falta de rutas, también por las malas combinaciones entre los colectivos y otros medios de transporte.
-“El asunto con el transporte público es que presenta grandes brechas … si uno quiere ir al microcentro, el servicio lo permite, pero si uno quiere cruzar a la otra punta de la ciudad, es un problema”, aseguró una persona mayor de Portland (Estados Unidos).
Información de los usuarios es clave
Colombia no cuenta con información que le permita determinar el perfil de usuarios de mayor edad del transporte público y de los espacios que lo circundan, un dato relevante por el cambio demográfico y el crecimiento urbano. La OMS calcula que 60% de la población mundial vivirá en entornos urbanos en 2030, lo cual significa que la demanda de movilidad superará la capacidad de la mayoría de los sistemas actuales. Algunos estudios relacionados con este campo dan pistas de qué asuntos deben estar en el centro de las decisiones que se tomen.
Por ejemplo, a finales de 2023 la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) compartió los hallazgos del ‘Estudio de barreras de movilidad que afectan la seguridad vial de actores con movilidad reducida’, el cual se concentró en personas con discapacidad (física, auditiva, visual) y personas mayores. La agencia lo realizó con el fin de identificar los obstáculos que se tienen en la construcción de una sociedad justa y equitativa, con un enfoque de accesibilidad universal. Parte del análisis mostró que la mayor participación de peatones fallecidos en siniestros viales en Colombia durante en 2022 y los primeros seis meses de 2023 fueron personas mayores de 60 años con un 52,48%, frente al 47,52% dividido en los demás rangos etarios. “En lo que respecta al análisis por género, se encontró que el 77,27% corresponde a hombres, mientras que el 22,73% restante corresponde a mujeres. Es decir, que la mayor representación de fatalidades como peatones, se encuentra en hombres de 60 años o más”, señaló el estudio.
Valle del Cauca es el departamento con el número más alto de personas mayores afectadas. El programa Cali Cómo Vamos consultó la información del observatorio de la ANSV y encontró que 2024 en la capital del Valle casi 9 de cada 10 peatones que perdieron la vida en la ciudad eran personas mayores (126 de los 144 casos totales).
En 2021, Martín Alexander Bejarano y Yina Fernanda Castiblanco, investigadores de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, ya habían señalado la necesidad de profundizar el conocimiento que se tiene sobre el peatón mayor y su interacción con la red vial urbana, debido a que en Bogotá estos peatones cuentan con la tasa de mortalidad más alta en incidentes viales.
Según los datos que recopilaron de la Secretaría de Movilidad de Bogotá (SDM), entre 2015 y 2019 el peatón mayor era el actor vial con el segundo puesto de ocurrencia de incidentes viales y el primero en mortalidad por esta causa. Entre las razones que encontraron destacaron cruzar sin observar con un 19,6%; desobedecer señales con 3,8%; cruzar en estado de embriaguez 2,2% y transitar por la calzada 3%. El lugar en donde se presentaron los incidentes viales fueron los tramos viales (sector de vía comprendido entre intersecciones sin pasos peatonales) y las intersecciones semaforizadas.
Además de analizar estos datos, observaron y conversaron con 261 peatones ubicados en las intersecciones semaforizadas de zonas con mayor accidentalidad de la capital, de esta manera concluyeron que las velocidades de caminata son distintas entre mujeres y hombres, siendo este último más veloz, y que los tiempos de arranque de esta población es menor al que está definido en el manual de cambio de semáforos. En otras palabras, caminan más despacio de lo que se espera, razón por la cual debe revisarse la manera en que se diseñan las ciudades para movilizarse a pie.
Un dato relevante ya que las personas mayores son quienes más usan ir a pie como modo de transporte, como lo ha identificado Bogotá Cómo Vamos. La Encuesta de Movilidad Bogotáde 2023 del Observatorio de Movilidad de Bogotá señala que las personas mayores de 65 años reportaron que 47% de sus viajes diarios fueron a pie y 24% en transporte público.
Esta información, unida con la que reporta ANSV debe prender las alarmas, puesto que la entidad también señala que entrevistó a 715 personas mayores de diferentes partes del país, quienes se quejaron de la infraestructura que les permite acceder al transporte público: 52% de las personas sintieron que su vida “siempre” está en peligro y 41% de las personas sintieron que “a veces” está peligro, las razones tienen que ver con las condiciones de deterioro de las calles, los obstáculos para transitar, la falta de iluminación y las alcantarillas sin tapa, entre otros elementos de la infraestructura vial.
La población entre 56 y 65 años y los mayores de 65 años en la encuesta de Cali Cómo Vamos también reportaron niveles de insatisfacción altos con el estado de los andenes (56% y 48%, respectivamente) en comparación con la insatisfacción promedio de la ciudad (46%). También del estado de las vías vehiculares y del control al cumplimiento de las normas de tránsito. Además, la población entre 55 y 65 años se quejó pór la falta de cultura ciudadana.
Vale la pena señalar que en la Encuesta de Percepción de Medellín Cómo Vamos, las personas mayores de 65 años sí están satisfechas. Un 53% afirmó estar satisfecha o muy satisfecha con el estado de los andenes, un 56% con el estado de las vías vehiculares y un 53% con el estado de las ciclorrutas.
Como se concluyó en el conversatorio ‘Personas mayores en el transporte’, convocado por la Superintendencia de Transporte, sin información sobre los usuarios mayores no es posible diseñar políticas públicas que permitan el derecho a una movilidad autónoma, segura y digna por las calles de las ciudades, lo que afecta gravemente el bienestar de esta población. Este es un gran desafío que exige un esfuerzo conjunto de todos los sectores involucrados en el desarrollo urbano, porque el derecho a la movilidad no lo debe perder una persona al sumar años de vida. La movilidad urbana es un derecho para las personas de todas las edades.
Por Ángela Constanza Jerez Trujillo
Cofundadora de BienVividos y +
Este artículo hace parte del especial ‘Movilidad amigable con la edad’





