Las personas que viven en Latinoamérica tienen, en promedio, un cerebro 5 años más envejecido que el de quienes viven fuera de la región, según el estudio presentado por la psicóloga Sandra Báez, profesora asociada del departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, en el 1er Festival Intergeneracional «¿La vejez es como la pintan?», realizado el 28 de agosto en Bogotá (Colombia).

La causa no está solo en los hábitos individuales, factores estructurales como la desigualdad socioeconómica, medida con el índice de Gini; la polución y la inequidad de género pesan tanto o más que las decisiones personales en la salud del cerebro.
«Estos factores deben trabajarse de la mano con nuestros gobiernos», señaló Báez. La investigadora explicó, con base en un estudio de su grupo con más de 5.300 personas en 15 países, que el índice de Gini es el segundo factor que más influye en el envejecimiento acelerado del cerebro, después de tener una demencia diagnosticada.
«Países con más polución, con sistemas de salud más inestables, están haciendo que sus comunidades se envejezcan aceleradamente», afirmó, y añadió que estas condiciones estructurales limitan el acceso de las personas a una alimentación adecuada y a servicios de salud estables.

La neuróloga Alejandra Guerrero Barragán, especialista en neurología cognitiva y salud cerebral, quien también participó en la charla moderada por Tatiana Joiro, consultora de BienVividos y +, explicó que el cuidado del cerebro empieza antes del nacimiento y continúa durante toda la vida gracias a la neuroplasticidad, es decir, la capacidad que tiene el cerebro de crear nuevas neuronas y conexiones a cualquier edad.
«Nunca es demasiado temprano ni demasiado tarde para empezar a cuidar el cerebro», afirmó. Según explicó, la niñez es el momento de mayor crecimiento cerebral; la adolescencia es la etapa en la que se consolida la identidad y la toma de decisiones; la adultez es «la ventana de la prevención» para enfermedades futuras, y la vejez trae mayor riesgo de enfermedades neurológicas, aunque esto «no es una condena».
De acuerdo con las estadísticas, una de cada tres personas desarrollará una enfermedad neurológica en algún momento de su vida, desde un dolor de cabeza crónico hasta el Alzheimer o un infarto cerebral. Báez agregó que la salud cerebral involucra lo cognitivo, lo socioemocional, lo motor y lo sensorial, por eso la salud del cerebro no depende únicamente del estilo de vida de cada persona.
Asistentes con varias preocupaciones
El público asistente al espacio, convocado por BienVividos y +, la Corporación Juego y Niñez y la academia representada en el Centro Imagina de la Escuela de Gobierno y el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes, respondió con preocupaciones muy concretas de su propia vejez.

Un asistente, coordinador de un grupo de docentes pensionados, señaló que muchas personas mayores enfrentan la soledad porque sus familias están absortas en el celular y no salen de paseo o a compartir un domingo, y pidió más espacios como el festival para pensar el envejecimiento poblacional del país.
Otra persona del público preguntó por el efecto de la contaminación auditiva de Bogotá sobre el cerebro. La neuróloga Guerrero respondió que la pérdida de audición no corregida es un factor de riesgo importante para la demencia, y que cuidar el oído es también cuidar el cerebro.
«Cuidar la salud cerebral es algo que deberíamos hacer desde el nacimiento», afirmó Báez, para quien entre más se cuide el cerebro a lo largo de la vida, mejor será la vejez de cada persona.
Asimismo, Guerrero Barragán agregó lo siguiente: «Comer saludable, no fumar, mantener un peso saludable, gestionar el azúcar en la sangre, hacer actividad física, dormir lo suficiente, controlar el colesterol y la presión arterial» son, según explicó, las ocho recomendaciones de la Academia Americana del Corazón para tener «un corazón y un cerebro fuerte y sano» entre los 20 y los 60 años.

En la charla, ambas investigadoras anunciaron el lanzamiento de VejeSemos, una red multiactor impulsada desde la Universidad de los Andes que busca traducir la evidencia científica sobre salud cerebral y longevidad en política pública e incidencia social.





