Dejar la cultura del silencio que existe sobre la sexualidad en la vejez porque no es un tema prohibido, al contrario, es necesario, es la propuesta que hacen al país la Fundación Saldarriaga Concha y Profamilia. La presentan tras analizar los resultados del reciente estudio ‘Percepciones de la sexualidad en personas mayores’, que realizaron en cuatro ciudades del país.
“Hablar de sexualidad en la vejez es reconocer un derecho. Esta investigación nos muestra que el verdadero reto no es romper silencios individuales, sino transformar los imaginarios sociales y las barreras estructurales que siguen negando la autonomía de las personas mayores”, aseguró Soraya Montoya, directora ejecutiva de la Fundación Saldarriaga Concha.

El estudio mostró que la vejez no es sinónimo de renunciar al deseo ni a la vida sexual y que el silencio se debe a asuntos culturales. El 62% de las personas encuestadas mencionó haber tenido relaciones sexuales en el último año; 96% dijo que considera normal sentir deseo sexual en la vejez y 97% de los hombres y 90% de las mujeres encuestadas afirmaron que la sexualidad es parte integral de todas las personas, incluso mayores.
El análisis también mostró que 34% de quienes participaron no hablan con nadie sobre sexualidad, las razones principales tienen que ver con falta interés (35%), vergüenza (21%) o pensar que es inapropiado (14%). Quienes sí buscan información hablan con amigos (16%), con la pareja (14%) y con profesionales de la salud (22%), que en ocasiones no tienen la preparación o el interés para conversar sobre sexualidad, como lo expresó una mujer del grupo focal de Manizales: “Yo sí lo he preguntado, sino que hay médicos que son muy malgeniados o muy maleducados. Muchas veces dicen ‘eso es normal, eso es normal’. Muchas veces no le responden a uno. Es muy escaso el médico que lo escuche a uno y le explique”.

Precisamente, por ello el estudio llama la atención para que la sexualidad en la vejez deje de ser un tema vedado y se trate abiertamente con el personal de salud, familiares y cuidadores.“Muchas personas mayores no cuentan con espacios donde puedan expresar sus sentimientos, emociones o los cambios que experimenta su cuerpo. Por eso, abrir escenarios de diálogo, confianza e información se vuelve clave para que puedan hablar de su sexualidad sin miedo ni prejuicios y, al mismo tiempo, para empezar a romper estigmas alrededor de este tema”, expresó Paola Montenegro, directora de investigación de Profamilia.
Diferencias de género

En el estudio participaron a través de encuestas 127 personas mayores de 60 años, la mayoría de 66 años, de Medellín, Manizales, Tunja y Montería. Además, personas mayores asistentes a 8 grupos focales y 16 cuidadores y familiares que respondieron entrevistas a profundidad.
Las respuestas tambien muestran que mujeres y hombres experimentan la sexualidad en la vejez de manera distinta, mediada por normas socioculturales. Mientras 86% de los hombres considera la sexualidad “muy importante”, solo 37% de las mujeres comparte esa visión. La explicación es cultural: 51% de las mujeres encuestadas aún cree que debe complacer sexualmente a su pareja por deber y 42% de hombres considera que las mujeres deben complacerlos.
Al respecto, una participante expresó: “Si uno no está con el esposo, se va a buscar otra” y otra participante evidenció la falta de comunicación con su pareja: “nosotras las mujeres cuando no queremos el sexo, o no tenemos ganas, nos inventamos el dolor de cabeza… jamás le decimos a nuestro esposo ‘no quiero hoy’”.
Marta Royo, CEO de Profamilia, explicó que “los resultados muestran con claridad que la sexualidad en la vejez también está atravesada por desigualdades de género. Muchas mujeres mayores han vivido su sexualidad marcada por silencios, estigmas y expectativas sociales. Hablar de este tema abre la puerta a una vejez con más libertad, información y decisiones propias” aseguró.
¿Qué hacer?
“Las voces recogidas en el estudio muestran el reto por escuchar y comprender lo que sienten, desean y necesitan las personas mayores. Esta evidencia abre la puerta para reconocer su sexualidad con la importancia que merece y avanzar hacia entornos que acompañen mejor esta etapa de la vida”, señalaron las organizaciones.
En se sentido, proponen en el estudio una serie de recomendaciones dirigidas a las principales redes de apoyo que van desde la formación especializada en sexualidad y vejez; la creación de protocolos institucionales que garanticen la intimidad, la creación de diálogos comunitarios y procesos comunicativos que desestigmaticen el tema.
De igual forma, sugieren la formulación de políticas públicas que prioricen la sexualidad en cada momento del curso. Así como sensibilización al personal de salud y la creación de herramientas pedagógicas para su educación a toda la sociedad.
Montoya destacó que estas recomendaciones son viables, ya que se está dando una apertura a tratar diversos temas relacionados con la vejez. “Antes, al hablar de envejecimiento, nos centrábamos únicamente en la salud y la pensión; luego incorporamos el bienestar y el cuidado, y ahora también abrimos la conversación sobre la sexualidad en la vejez, un tema al que no se la ha dado la importancia que merece”, explicó.
Por eso, la Fundación Saldarriaga Concha y Profamilia lanzaron durante el evento de presentación del estudio la campaña ‘Mis canas, mis ganas’, con la que le dicen al país: “hablemos de sexualidad en la vejez”.
Otras conclusiones del estudio
- La sexualidad no desaparece, sino que se transforma. No se define únicamente por el acto sexual, sino que abarca afecto, compañía, caricias e intimidad emocional.
- Contrario a la idea de que la menopausia o la andropausia marcan el fin de la vida sexual, estas etapas son catalizadores de una profunda transformación.
- Todas las personas mayores tienen el derecho a decir “sí” o “no”.
- La familia, la comunidad y las instituciones influyen directamente en las posibilidades de vivir la sexualidad de las personas mayores.
- Es fundamental fomentar espacios seguros de diálogo en entornos institucionales y comunitarios.
- En las políticas públicas, la sexualidad en la vejez debe ser incluida como una prioridad en salud pública y envejecimiento saludable.
- Se debe fortalecer la producción y distribución de materiales accesibles sobre sexualidad y envejecimiento.
- Es importante apoyar investigaciones que amplíen el rango etario y reconozcan la diversidad sexual en la vejez.





