En La Celia, un municipio de Risaralda, viven 72 centenarios por cada 10.000 habitantes. El promedio nacional es de 2,80. Nadie allí tiene acceso privilegiado a medicina ni sigue una dieta especial (aunque la yuca, el plátano, el ñame y el queso están presentes en su alimentación diaria). Eso sí, los residentes sienten que comen bien, caminan suficiente y están en paz consigo mismos, características similares a las que se identifican en las llamadas zonas azules.
Estos lugares se caracterizan por tener el mayor número de personas de 100 años, que no tienen ningún privilegio económico o de atención en salud. Son territorios donde, según relata el médico argentino Diego Bernardini en su libro La segunda mitad: los 50+, vivir la nueva longevidad, su población se caracteriza por tener actividad física, incorporada a la vida cotidiana como medio de subsistencia, no como deporte. Contar con una dieta basada en productos naturales y de producción propia. Disfrutar de vínculos sociales y familiares fuertes. Y, por último, disponer de una dimensión espiritual presente en el día a día.
El concepto nació de una imagen, la que vieron los investigadores de estas características, Michel Poulain y Gianni Pes. En un mapa registraron los domicilios de personas centenarias en la isla de Cerdeña (Italia) con pines de color azul. Al alejarse del mapa vieron que esos puntos formaban núcleos homogéneos: las zonas donde vivían los más longevos quedaban demarcadas en azul. Así nació el término hace más de veinte años.
Hoy se reconocen cinco zonas azules en el mundo: Okinawa en Japón, Icaria en Grecia, Cerdeña en Italia, la comunidad adventista de Loma Linda en California y la península de Nicoya en Costa Rica. Colombia podría estar construyendo la suya, pero todavía falta.
Se estudian los lugares nacionales
El Proyecto Centenarios, la iniciativa colombiana de investigación que estudia la biología de los centenarios del país, está haciendo su propia investigación de zonas azules. Por ello, está identificando en qué lugares del país vive la mayor cantidad de mayores de 100 años y qué características comparten.
Su informe de zonas azules en Colombia es uno de los pocos en Latinoamérica y se titula: Descubriendo zonas azules en Colombia: análisis biodemográfico basado en datos nacionales de áreas con las mayores tasas de centenarios, semisuper centenarios y supercentenarios. Los investigadores Iván David Lozada Martínez, Karoll Arcos Navarro, Germán Gallego, Juan Manuel Anaya y Sebastián Ruiz Santacruz, director de demografía del DANE, lideraron el estudio.
Para el análisis de las zonas azules colombianas, los investigadores no trataron a todos los centenarios como un solo grupo; los dividieron en tres categorías: centenarios, quienes tienen entre 100 y 104 años; semisuper centenarios, entre 105 y 109, y supercentenarios, quienes superan los 110.
Cuando revisaron los datos por municipio, encontraron una inconsistencia: había territorios con muchos supercentenarios, pero pocos centenarios, o al revés. Si los factores de un lugar realmente favorecieran la longevidad extrema, lo lógico sería que quienes llegan a los 100 siguieran llegando a los 105 y luego a los 110; pero que eso no ocurra de manera uniforme fue una de las primeras señales de que la historia es más compleja de lo que parece.
Lo cierto es que los investigadores identificaron 10 municipios en Colombia con tasas de centenarios notablemente superiores al promedio nacional. Los cinco con mayor concentración son La Celia en Risaralda, con los datos ya mencionados; Ciudad Bolívar en Antioquia, con 56,50; El Piñón en Magdalena, con 33,51; Ventaquemada en Boyacá, con 26,45; y Mirití-Paraná en Amazonas, con 19,55.
Los demás municipios están en los departamentos de Casanare (Sácama), Valle del Cauca (La Victoria), Chocó (Medio Atrato) y Boyacá (El Espino y Sutatenza). Todos comparten un patrón ambiental.
Lozada Martínez, investigador de Zonas Azules y coautor del informe sobre zonas azules y longevidad extrema en Colombia que se menciona aquí. Es además médico gerontólogo del Proyecto Centenarios, director del Centro de Longevidad Saludable y del Observatorio de Longevidad Extrema de la Universidad de la Costa.
Describe el hallazgo así: «El patrón en general entre los municipios con tasas elevadas consiste en su cercanía a zonas agrícolas, a vegetación herbácea predominante, presencia de bosques y cuerpos de agua. Esto es una asociación ecológica con zonas rurales y agrícolas, potencialmente relacionada al medio ambiente y estilos de vida que rodean a esta población». En resumen, una señal, no una respuesta.

Les falta para ser zonas azules
Para validar una zona azul, en el sentido riguroso del concepto, los investigadores del Proyecto Centenarios establecieron seis criterios.
- Primero, que alguien externo al estudio confirme documentalmente que esa persona realmente tiene la edad que dice tener, revisando registros civiles y notariales. Esto existe porque en algunos países aparecen centenarios que en realidad murieron hace décadas sin que nadie lo reportara.
- Segundo, métricas de cohorte que permitan comparar cuántas personas nacidas en una misma ventana de tiempo llegaron efectivamente a los 100.
- Tercero, una delimitación geográfica definida antes de hacer el análisis, no después.
- Cuarto, evaluación de si la población migró o llegó de otro lugar.
- Quinto, medición de funcionalidad cognitiva y física.
- Y sexto, análisis de los determinantes sociales y ambientales del territorio.
Cumplir esos seis criterios no es una sola medición: es en un trabajo de campo que en los casos ya reconocidos en el mundo tomó entre diez y quince años. Colombia está en el primer paso.
Lozada Martínez lo explica: «Para validar una zona azul se requiere un trabajo de campo muy riguroso que permita corroborar registros de natalidad y comparar la evolución de la movilidad territorial, de tal forma que se reduzca la mayor cantidad de sesgos. Por ejemplo, ajustar el análisis por migración, ya que pueden llegar personas longevas que no desarrollaron sus vidas en esos lugares pero que, durante el censo, alteran las tasas».
Por tanto, mientras ese trabajo no se complete, los investigadores dicen que lo más prudente es dejar estas concentraciones como lo que son: señales demográficas de interés. Por esa razón, Lozada Martíez las llama “zonitas azules” para el caso colombiano y no zonas azules.
Finalmente, los estudiosos destacan que a estainvestigación la distingue la pregunta que se hace. En gerociencias se habla de lifespan, que es la duración total de la vida, y de healthspan, que son los años vividos con autonomía funcional, cognición preservada y baja carga de enfermedad. El Proyecto Centenarios quiere saber dónde están los colombianos que llegan a los 100 y, sobre todo, cuántos de ellos llegan bien.
Por ello, no se trata de cómo imitar a los centenarios de La Celia, sino qué está perdiendo el resto del país sin darse cuenta. Una pista puede estar en lo que esta población, y las otras de Colombia, tiene en común con las zonas azules ya reconocidas en el mundo.





