Cada año, más o menos 500.000 personas de diferentes nacionales se calzan los tenis, se ponen la mochila al hombro y se dedican a caminar durante semanas hacia un mismo destino: la Catedral de Santiago de Compostela, en Galicia, España.
Según la agencia de turismo TuBuenCamino, experta en esta travesía, en 2025 un total de 530.987 peregrinos completaron al menos una de las rutas jacobeas y recogieron su Compostela, el certificado oficial que acredita haber llegado.
Este destino se ha convertido en uno de los viajes con más sentido para quienes llegan a la mitad de la vida y buscan algo diferente.
José Miguel Gómez Mogollón, veterano fotoperiodista colombiano, cuenta que eso sucedió en su caso. Al cierre de este artículo lleva cinco etapas caminando por el norte de España rumbo a la Catedral de Santiago de Compostela y dice que es algo «mágico». Por décadas, desde que supo que el camino existía, se repitió a sí mismo: “Tengo que hacer el Camino de Santiago algún día”. Hoy se siente pleno.
Explica que las etapas son los tramos diarios en los que se divide la ruta de peregrinación. Las jornadas unen el punto de partida y el punto de llegada entre los alojamientos y alimentación. En su caso, son cinco etapas del tramo final del Camino Primitivo que es el camino más antiguo de todos. Pasando por aldeas como Ferreira, en la provincia de Lugo, hasta llegar a la catedral.
La historia de un apóstol dio origen a la tradición
Los Caminos de Santiago de Compostela son un conjunto de rutas distribuidas por Europa que convergen en la tumba del apóstol Santiago, en la Catedral de Santiago de Compostela, en Galicia. A las rutas se les llama «rutas jacobeas» porque Jacobus es el nombre latino de Santiago.
De acuerdo con la agencia de viajes TeeTravel, la tradición cristiana dice que el apóstol Santiago evangelizó durante varios años a quienes vivían en lo que hoy es España y Portugal, empezando por Galicia. Fue el primero de los discípulos de Jesús en morir martirizado.
Al morir, sus restos fueron trasladados a Santiago de Compostela. Allí permanecieron sin conocerse hasta que entre los años 810 y 830 fueron descubiertos por un ermitaño llamado Paio. El rey Alfonso II, el Casto, reconoció el hallazgo.
Para hacerlo realizó el recorrido desde Oviedo hasta Santiago de Compostela, más o menos 320 kilómetros, con lo cual se convirtió en el primer peregrino de la historia. Más tarde, el rey Alfonso III, el Magno, continuó la tradición. Desde entonces, los caminos hacia Santiago se convirtieron en una de las rutas más transitadas de Europa.
La misma agencia cuenta que en 1987, el Consejo de Europa los declaró Primer Itinerario Cultural Europeo. En 1993, el Camino Francés fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. En 2004, el conjunto recibió la distinción de Gran Itinerario Cultural Europeo y en 2015 se sumaron el Camino del Norte, el Camino Primitivo, el Camino de Liébana, el Camino Interior del País Vasco y el Camino de Santiago por La Rioja.
El punto de llegada tradicional de todos los caminos es la Plaza del Obradoiro, frente a la catedral. Allí se entrega la Compostela.
Múltiples caminos, un solo destino
Los colombianos Wilfredo Garzón y Marcela Cuervo llevan años construyendo una propuesta que va más allá de caminar kilómetros. Él es diseñador industrial, fotógrafo y guía profesional con 32 años de experiencia. Ella es fisioterapeuta y coach de vida. Juntos crearon el Fisiocoaching: una metodología que activa el cuerpo, la mente, la emoción y el espíritu mientras se camina.
Garzón lleva 14 rutas recorridas, cuenta que en España existen más de 30 caminos diferentes hacia Santiago de Compostela.
De acuerdo con su experiencia, los caminos más importantes son:
- El Camino Francés. Es el más popular. Arranca en Roncesvalles, en Navarra (o en Saint-Jean-Pied-de-Port si se viene desde Francia), y pasa por ciudades como Pamplona, Logroño, Burgos y León antes de llegar a Galicia.
- El Camino del Norte. Comienza en Irún, en el País Vasco (o en Hendaya, si se parte desde Francia), y recorre la costa cantábrica pasando por San Sebastián, Bilbao, Santander y Gijón. Ofrece una variedad excepcional de paisajes: mar, montaña, bosques y ríos en un mismo día.
- El Camino Portugués. Arranca en Lisboa (Portugal), atraviesa Santarém, Coimbra y Oporto, y entra en España antes de unirse a las otras rutas.
- El Camino Primitivo. Es el más antiguo: fue el recorrido del primer peregrino de la historia, el rey Alfonso II. Parte de Oviedo, pasa por Lugo y llega a Santiago de Compostela.
El portal web de cicloturismo ConAlforjas cuenta que además de estos existen el Camino Inglés, el Camino Aragonés, el Camino del Salvador, el Camino del Ebro y la Vía de la Plata, entre otros. En Portugal existen nueve caminos oficiales que suman aproximadamente 2.900 kilómetros.
Algunas agencias de viajes, como Pilgrim, aseguran que los caminos se pueden transitar a pie, a caballo o en bicicleta. Y en compañía de mascotas, familia o amigos. Quien elige caminarlos durante el trayecto ve las señales que marcan el recorrido, como, por ejemplo, la concha de vieira que es un símbolo universal del peregrino jacobeo pintada en piedras, o los postes y las fachadas, señalando siempre la dirección que se debe seguir.
No es un reto de edad: es un reto personal
Datos curiosos sobre los caminos se encuentran en diferentes fuentes. De acuerdo con TeeTravel, hubo una época en la que recorrer el Camino de Santiago no era una elección libre, era una obligación. En varios países europeos de la Edad Media, los jueces lo imponían como condena a quienes cometían ciertos delitos.
Hoy es una decisión voluntaria, motivada por diversas razones: cumplir una promesa, buscar la fe, viajar con amigos o familiares, pedir una gracia o, simplemente, encontrarse con uno mismo.
No existe un perfil único de peregrino. “Los perfiles incluyen niños, adultos, personas mayores, médicos, abogados, estudiantes y personas de muchas nacionalidades. No todos son creyentes; sin embargo, realizan el camino porque encuentran en él una razón espiritual personal”, explica el guía Garzón.
Él llegó al camino por casualidad. En 2005, mientras hacía el GR 10, que significa “un recorrido de larga distancia que atraviesa los Pirineos de costa a costa”, llegó con un amigo a Saint-Jean-Pied-de-Port y se encontró con una multitud de personas que se saludaban con «buen camino».
Al preguntar qué pasaba, le explicaron que ese era el punto de partida de los peregrinos a Santiago de Compostela. Cinco años después, arrancó su primera peregrinación desde ese mismo lugar. Hoy el Camino es su forma de vida y su trabajo.
El rango de edad más frecuente entre sus grupos está entre los 35 y los 65 años. «Normalmente las personas que nos acompañan buscan un espacio para estar consigo mismas y hacer un alto en sus vidas», dice. «Es un ejercicio de aprendizaje y tolerancia».
La experiencia de quien lo está viviendo
El fotoperiodista Gómez Mogollón no está recorriendo el camino por religión ni por turismo. Lo hace porque sintió que tenía que hacerlo. “Era una de esas cosas por hacer en la vida y en este momento la estoy chuleando”, cuenta desde Castro Urdiales, un pueblo costero del norte de España donde llegó después de 16 kilómetros caminando ese día.
En el camino se ha cruzado con ingleses, franceses, latinos y viajeros de lugares insospechados. El que más le llamó la atención fue un señor de unos 70 años, con un morral enorme, viajando solo desde Eslovaquia. “Se encuentra uno con gente muy particular”, dice.
Como fotoperiodista, con un recorrido enorme como profesor, reportero de prestigiosos medios colombianos, agencias nacionales e internacionales y ganador de varios premios nacionales e internacionales, lo que más le ha sorprendido son los paisajes: mar, playa, montaña, senderos y carretera, todo en un mismo día. «Vas descubriendo cada lugar como retratos. La única forma de conocer este tipo de paisaje es así, caminándolo. Turisteando es imposible».
Cuervo, la fisioterapeuta y coach de vida que acompaña al grupo de Gómez Mogollón, describe algo que ha visto repetirse en todos sus peregrinajes: “Sin importar el origen de las personas, hay una energía común entre los peregrinos. Una comunión que se va haciendo más fuerte a medida que se acercan a Santiago, así no haya más intercambio de palabras que ‘buen camino peregrino’ o ‘Ultreia et Suseia'».
Uno de los momentos que ella más recuerda ocurrió en el Flysch de Zumaia, una formación rocosa en el País Vasco, que se adentra en el mar. Una mujer de unos 65 años, que estaba cerrando un proceso de quimioterapia y radioterapia, durante una meditación que consistía en caminar descalzos hacia el mar, llegó al agua y, de repente, dijo: «Ya basta de esperar. Este es mi momento». Y con todo y ropa se lanzó al mar.
“Fue como si se soltara la vida ahí. Como si dejara sus prevenciones, limitaciones y paradigmas”, recuerda. “Es uno de los momentos más especiales que he vivido en el camino”.
Qué cambia después de recorrerlo
«El camino te cambia en la medida en que tú estás dispuesto a hacerlo. A todos nos mueve, pero no a todos nos cambia», dice Cuervo. “Si no quieres cambiar, simplemente después de unos días vas a volver a ser el mismo”.
Para ella, el camino funciona como una herramienta de autoconocimiento solo si el caminante llega con preguntas. “Caminar por el camino es andar por la vida. Cada piedra, cada terreno difícil, cada persona que te encuentras, puede hablarte de lo que estás viviendo en ese momento”.
La experiencia, agrega, es distinta según si se hace solo, con conocidos o con extraños. La soledad permite el autoconocimiento; el grupo conocido fortalece vínculos; los desconocidos desarrollan la tolerancia y la convivencia.
Cuervo trabaja además con un programa de envejecimiento activo del Ayuntamiento de Madrid y ve en los mayores de 50 el público ideal para esta experiencia.
“En ese momento de la vida, la cuenta de los años va generando preguntas interesantes sobre lo que hemos hecho, quiénes hemos sido, qué hemos alcanzado. El camino te confronta con todo eso. Sales con una perspectiva más amplia, sin las etiquetas, sin los roles de profesional, padre, pareja. Queda solo la relación contigo mismo”.
Lo que hay que saber antes de arrancar
El grupo comienza cada día con rutinas de estiramiento, técnicas de respiración, meditación y momentos de reflexión grupal. Cada participante recibe un Manual del Caminante Despierto con trabajo personal sugerido para cada etapa.
La del fotoperiodista Gómez Mogollón, ruta 2026, cubre 250 kilómetros en 14 días, entre el 23 de mayo y el 7 de junio, pasando por San Sebastián, Bilbao, Santander, Oviedo, Lugo y Santiago de Compostela. Las etapas van entre 14 y 20 kilómetros diarios, con una dificultad media-baja e inclinaciones de entre 300 y 400 metros, a una temperatura promedio de 22 grados.
La inversión fue de 1.490 euros “6.178.285 de pesos colombianos” e incluye alojamiento, transportes internos, acompañamiento de guía y coach, registro fotográfico y el kit del caminante.
No incluye tiquetes aéreos a Madrid, alimentación ni seguro de viaje. Antes de salir, el grupo realiza sesiones preparatorias en Bogotá y Madrid, dos encuentros virtuales y dos horas de coaching individual.
Gómez Mogollón tiene un mensaje claro: «Si alguna vez sienten el llamado de hacer el Camino de Santiago, que lo hagan. Es algo mágico. Es como un llamado de la misma vida”.
John Clavijo | Jaks
Periodista BienVividos y +





