Todos los días, desde las 7 de la mañana y por casi cinco décadas, Hugo Heliodoro Afanador Soto llega al Centro García Márquez El Original, ubicado en La Candelaria, Bogotá (Colombia). A los 77 años, escribe, actúa y dirige obras de teatro; además, idea maneras para que la cultura siga teniendo un espacio importante en la escena capitalina y nacional. «El futuro no está al frente de uno, sino atrás» es su lema de vida.
El Centro García Márquez El Original es un teatro que nació como un acto político. En 1979, Afanador lo fundó con colegas recién egresados de la Escuela Nacional de Arte Dramático (ENAD), entre ellos José Assad, Andrés Rodríguez, Lucía Rengifo y Adriana Mejía.

Decidieron ponerle el nombre de Gabriel García Márquez en homenaje al escritor y Nobel de Literatura, que dos años después fue exiliado en el gobierno de Julio César Turbay Ayala. «Quisimos protestar contra el Estado», cuenta Afanador. Desde entonces, el grupo se ha dedicado a montar obras propias con un lenguaje político y social. «Decidimos inventarnos esta fundación para crear un lenguaje que tuviera que ver con la política, un teatro muy politizado. No partidista, sino politizado», aclara Afanador.
Encontrar el espacio para la fundación fue complejo debido a la coyuntura política de los años 80. Décadas atrás Afanador conoció a dos mujeres mayores campesinas que habitaban una bella casa bogotana en la Calle 12B #3-17, la dirección actual donde se encuentra el teatro. El lote ocupado tenía gallinas, marranos, vacas y cultivos de maíz.
«Esperen a que nosotras faltemos, a ver qué pasa con esta casa», recordó Afanador sobre las palabras de las dos mujeres dueñas del lote, quienes no tenían herederos.

Tiempo después, el Estado colombiano tomó control del lote y Afanador con sus amigos de la ENAD buscaron cómo formar el teatro allí. En principio, algunos vecinos los apoyaron para que tuvieran el lote y pudieran fomentar la cultura, pero otros formaron resistencia porque querían una parte de los bienes materiales que había allí; razón por la cual comenzó a formarse una pelea en el barrio, incluyendo a la funcionaria de turno de la alcaldía, quien se resistió a entregar el lote.
Pasado un tiempo, y con apoyo policial, el Concejo de Bogotá le otorgó a la fundación el lote en comodato por 99 años, mediante el Acuerdo 043 de 1983. No obstante, Afanador recuerda que un teniente lo capturó durante la entrega: «me lo llevo mientras se toman el lote, para que cuando volvamos no haya desmanes», le dijo. Esa misma noche de la entrega, un oficial de mayor rango ordenó levantar un toldo en el andén para asegurar la ocupación antes del amanecer.
Así comenzó la construcción del teatro que hoy lleva 47 años de funcionamiento y cuyo nombre incluye «El Original» para distinguirlo del Centro Cultural de Bogotá, que después tomó el mismo nombre en honor a García Márquez.
Entre las decenas de montajes, Afanador guarda un cariño especial por «El rompecabezas de Jacinto», una obra presentada en 2019, antes de la pandemia, en la que interpretó a un burro con orejas y cascos en lugar de pies. «Me divertía mucho actuando ahí», recuerda, «me divertía como un niño chiquito jugando».

Hace tres años, Afanador le entregó la dirección del teatro a Fernanda Rodríguez Sánchez, quien llegó al espacio a los 18 años como actriz de reemplazo y hoy, además de dirigir el teatro, lidera el Festival de Danza Mayor. «Ella y yo somos como almas gemelas», dice Afanador sobre su decisión. La relación entre ambos no es jerárquica. «Esta casa no es mía, pero es como si fuera mía. Yo no tengo sentido de propiedad, pero sí tengo sentido de pertenencia».
Afanador calcula que ha escrito más de 50 obras a lo largo de su vida, aunque conserva solo unas 30. El resto las quemó o las rompió: «Ya no me gustan, entonces las deseché». Actualmente trabaja en una obra nueva, «El árbol que habla portugués», inspirada en una canción de Chico Buarque, y en un libro sobre lo que llama «la anarquización del actor», una propuesta para poner al actor en igualdad de condiciones frente al director dentro del proceso creativo.

Pese a las varias décadas que ha dedicado a la cultura, Afanador insiste en que la tarea sigue inconclusa. Su deseo para las próximas generaciones que hereden el espacio no es que eviten errores, sino lo contrario: «que cometan muchos más de los que nosotros cometimos. Porque solamente el error le permite a uno avanzar», puntualiza.

John Clavijo | Jaks
Periodista BienVividos y +





