“El juego le corresponde a la infancia; por eso cuando los adultos jugamos volvemos a ser niños. Nada más falso que eso. El juego es un derecho de todas las personas a lo largo de la vida. Jugamos siendo niños, siendo adolescentes, siendo jóvenes, siendo adultos o siendo viejos”.
Irma Salazar, licenciada en Educación Infantil, magister en Ciencias de la Educación y directora ejecutiva de la Corporación Juego y Niñez, explicó a los asistentes a la charla ‘El juego durante la vida’, que esas dos premisas con dos mitos que no tienen sustento en la realidad.
“Nos ha dicho que el juego es de la infancia, cuando hace parte de la vida. Y lo peor, nos han dicho que el juego no es tan importante porque pareciera que no es un asunto serio. Cuando una niña o un niño está jugando le decimos: juegue que después va a hacer cosas importantes. Desde ahí ya le estamos dando el mensaje de que jugar no es importante”, le dijo al auditorio presente en el 1er Festival Intergeneracional ¿La vejez es como la pintan?, que fue convocado por las plataformas Cuatro de Julio y BienVividos y +, la Corporación Juego y Niñez y la Universidad de los Andes con el Centro Imagina de la Escuela de Gobierno y el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales.
Personas jóvenes y mayores participaron en este espacio que les permitió compartir sus percepciones acerca del juego: conecta, divierte y enseña. El estudio longitudinal que realizaron la Universidad Nacional y Corporación Juego y Niñez además mostró que jugar desarrolla en las personas competencias ciudadanas y capacidad de creatividad. Y es así porque la interacción entre ellas en el juego hace que tengan que conciliar, trabajar en equipo, resolver dificultades, seguir reglas, contralar emociones y ser flexibles, entre otras cosas. La investigación también evidenció que quienes juegan más seguido tienden a ser más espontáneos y expresivos.
No volvemos a ser niños
A través de juegos sencillos, los asistentes a la charla concluyeron que el juego está presente y que es erróneo pensar que cuando jugamos nos volvemos niños. “No volvemos a ser niños, somos adultos jugando porque la infancia ya se fue y se quedó en ese lugar bello que guardamos en el corazón. Nuestra fibromialgia, nuestra artrosis siguen mientras jugamos, pero eso no impide que nos divirtamos”, explicó Salazar.
Para ejemplificarlo, les propuso un juego. “Por favor, hagamos de cuenta que en este momento les hacen una llamada telefónica donde les dicen que se acabaron de ganar 2.000 millones de pesos. Piensen rápidamente que harían con 2.000 millones de pesos”.
Unos asistentes respondieron entre risas que pagarían deudas, otros que viajarían en un crucero, unos más que apoyarían a quienes lo necesitaran y un señor dijo: “comparto la mitad con Juego y Niñez para seguir trabajando con las personas mayores”.
“Muchas gracias”, respondió Salazar, y los invitó a volver a pesar con los ojos cerrados en esa posibilidad de tener 2.000 millones de pesos. “Sigan haciendo cuentas y abran sus ojos muy despacio. Qué sintieron”.
“Sensación de alegría”, dijo una persona. “De emoción”, dijo otra. “De libertad”, dijo una más.
“Exacto, nuestro cerebro sintió todo eso y eso es jugar. Resulta que cuando los adultos, sin que lo piensen mucho, juegan. Y esa fantasía que da el juego da la posibilidad de ser libres. Y no es distraernos de la realidad. Es el derecho a ser felices”, recalcó Salazar.
Un derecho fundamental, como lo ha demostrado la ciencia, que además ha evidenciado que el juego estimula el desarrollo físico, mental y emocional de las personas en cualquier etapa de la vida.





