Las notas musicales son una constante en la vida de quienes integran el coro de la Fundación Acción Familiar Alzheimer Colombia (AFACOL) y el grupo de danza del colectivo Alma y Vida, conformados en Bogotá (Colombia). Para los primeros está presente en las canciones que interpretan con alegría y para los segundos, en los ritmos que bailan con entusiasmo y orgullo.
Unos y otros estuvieron presentes en el 1er Festival Intergeneracional ¿La vejez es como la pintan?, convocado por las plataformas Cuatro de Julio y BienVividos y +, la Corporación Juego y Niñez y el Centro Imagina de la Escuela de Gobierno y el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes.
Entre aplausos, sonrisas y el canto de los asistentes, el coro y el grupo de danza hicieron sus presentaciones. Esta es la historia detrás de estos importantes artistas.
Terapia contra el olvido
Cada fin de semana, desde hace más de 15 años, Afacol reúne a personas con Alzheimer, sus cuidadores y un equipo de voluntarios alrededor de un café, juegos de mesa y canciones con guitarra en vivo.

«A pesar de que muchas cosas se les olvidan, no olvidan que tienen esos encuentros especiales todos los fines de semana», cuenta Claudia Varón, presidenta de la fundación. Para ella, esos encuentros funcionan como «un día no cancionero», una pausa dentro de la rutina de la enfermedad.
Varón explica que la música se convirtió en una herramienta terapéutica central para la fundación. Durante esos encuentros semanales, las familias socializan, comparten y evocan recuerdos a través de canciones que las personas con Alzheimer todavía reconocen.

«Nos hemos dado cuenta de que la música es una alternativa terapéutica por excelencia para las personas con Alzheimer y para las familias también», afirma.
Para ella, participar en un espacio como el del festival significó un reconocimiento poco común hacia las personas con Alzheimer. «Reconocer lo que saben es valorarlas. Por eso los integrantes del coro llegaron al festival felices y motivados».
Danza, medicina para el cuerpo y el alma
Ana Elizabeth Casallas se pensionó y cayó en una depresión que la mantuvo encerrada en su casa, hasta que un psicólogo le recomendó vincularse a un grupo de personas mayores.
Llegó a Alma y Vida, el grupo de danza de Ciudad Bolívar y desde entonces no falta a un ensayo. «Esto me ha cambiado la vida», cuenta ella. Por ejemplo, el dolor en las rodillas que la aquejaba disminuyó con la actividad física y encontró en el grupo algo que describe como «una familia».

Alma y Vida existe desde 2011. Nació dentro de un grupo más amplio de persona mayor, de entre 30 y 40 integrantes, que se reúne dos o tres veces por semana para hacer actividad física y talleres con acompañamiento de una subred de salud. De ahí surgió la idea de sumar la danza como una actividad distinta, cuenta Luz Marina Méndez, líder del grupo.
Hoy lo integran 13 mujeres y un hombre, provenientes de los barrios Candelaria La Nueva, Arborizadora Baja y La Coruña, en la localidad de Ciudad Bolívar, Bogotá. Méndez recuerda que, al comienzo, las participantes eran más tímidas y sentían pánico escénico antes de subir a tarima, un temor que se fue superando presentación tras presentación.
Para las integrantes de Alma y Vida, la danza funciona como una medicina para el ánimo y el cuerpo. Bajo el lema «por una vejez digna, activa y feliz», el grupo asegura que la actividad les alegra el corazón y les da una razón para salir de casa cada semana.





