Raquel Sofía Amaya y Ana Cristina Botero, reconocidas actrices de los años setenta y ochenta, llevaron al escenario del 1er Festival Intergeneracional ¿La vejez es como la pintan? la misma complicidad que sostienen en su obra «Las Ochenteras«, que por estos días se presenta en el Teatro Libre de Chapinero, en Bogotá (Colombia). El público, en su mayoría personas mayores.

Las actrices conversaron con Julio César Guzmán, creador de la plataforma cultural Cuatro de Julio, sobre temas como narcotráfico, jubilación, amistad y hasta de reguetón en medio de las carcajadas del auditorio que asistió a este espacio convocado por BienVividos y +, Cuatro de Julio, Corporación Juego y Niñez, el Centro Imagina de la Escuela de Gobierno y el Departamento de Psicología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de los Andes.
«Añoramos la mejor época de nuestra vida», contó Amaya sobre el origen de la idea de hacer una obra de teatro recordando temas del pasado anclados en situaciones que viven en el presente como la jubilación, el uso de redes sociales, el amor y la amistad. «Vivir los 80 es algo muy chévere, muy increíble, porque es vivir una época llena de conflictos, pero llena de felicidad, llena de amistad, llena de recuerdos divinos», agregó Botero.

Para las dos actrices, los años 80 y quienes vivieron en ellos son parte de una generación puente, atrapada entre dos siglos y entre extremos tecnológicos y sociales. «Nos tocó adaptarnos a los cambios y a las transformaciones de un mundo absolutamente convulsionado», explicó Botero, quien describió esa década como «una que ha sido considerada una década perdida» frente al glamur atribuido a los años 60 y 70.
Amaya añadió que su generación vivió el narcotráfico y los asesinatos de candidatos presidenciales de una forma distinta a la actual: «A nosotros nos tocaba esperar que nos contaran eso en el noticiero de las 7. Ahora lo transmiten en directo con un celular».
Actores, profesionales sin pensión
El buen humor no evitó los temas serios. Amaya relató que su personaje arranca la obra con la noticia de su pensión, un giro que usaron para hablar de la precariedad laboral de los actores en Colombia.

«A los actores que empezamos a trabajar en los 70 no nos obligaban a cotizar», explicó, y calificó de «insulto» los subsidios tipo BEPS que hoy reciben algunos colegas sin pensión. «Deberían construirse políticas públicas que de verdad reconozcan el trabajo de los actores y de las actrices, y que no lleguen a los 60 años, como he visto a muchos, casi en la indigencia», afirmó.
La tecnología también atravesó la conversación, sobre todo por el personaje de Botero: Elena, quien intenta abrirse camino en TikTok sin saber usar su propio teléfono. «Obvio que no tiene ni idea cómo se maneja», dijo entre risas.
Amaya recordó su propio bautizo digital durante la pandemia: «Yo me acuerdo las primeras reuniones mías por Zoom. Era absolutamente aterrorizada, yo sudaba. Esto se parece a cuando uno está en una sesión de espiritismo: ¿estás ahí? Si estás ahí, comunícate». Aun así, insistió en la importancia de mantenerse actualizado: «Hay que hacerlo, a pesar de que a uno no le gusta mucho».

Uno de los momentos más aplaudidos fue cuando las actrices hablaron del trabajo doméstico como economía del cuidado. «El 20% del producto interno bruto está representado en el trabajo doméstico que hacemos las mujeres», afirmó Botero, quien pidió dejar de llamar «colaboración» a lo que considera una obligación compartida en el hogar.
Amaya fue más allá y cuestionó los estereotipos de género en la vejez: «No es lo mismo llegar a la vejez siendo hombre que siendo mujer», dijo, y puso como ejemplo que un hombre canoso se percibe como interesante, mientras que a una mujer canosa se le llama «viejita».
Las actrices también reivindicaron la amistad femenina como eje central de la obra. «Si la gente sale queriendo a su amiga de toda la vida, hicimos el trabajo bien hecho», resumió Botero.

Amaya agregó que ese vínculo desmiente el estereotipo de que las mujeres son envidiosas entre sí: «Nos ayudamos, nos queremos, construimos verdaderas posibilidades para crecer como personas». Sobre el amor en la vejez, ambas coincidieron en que sigue siendo posible a cualquier edad. «Mientras haya un mañana, existe siempre la posibilidad del amor», dijo Botero.
La charla cerró con una anécdota sobre la directora de la obra, la actriz María Cecilia Botero, quien a sus 71 años debutó como directora de teatro después de décadas de ser productora.

«A cualquier edad siempre llega una primera vez», dijo Amaya. Con esa misma idea, invitó al público a llevar a sus nietos a ver la obra: «Para que aprendan que uno no tenía amigos virtuales sino amigos reales, que no existían los likes sino los abrazos».






