El sábado 4 de julio se realizó en Engativá, en Bogotá, Yo Marcho Trans. La fiesta que crearon hace 11 años las personas trans como alternativa a la marcha del Orgullo LGBTIQ+, debido a que se sentían excluidas. Desfiles, actos culturales, voces, colores y alegría llenaron las calles de la localidad con el lema: “Somos todes el polvo de las mismas estrellas”.
En 2025, cuando esta iniciativa cumplió 10 años, su lema fue “La vejez trans y la vejez digna”. La razón de esto es que sus promotores buscaron darle foco a una realidad invisibilizada: las personas trans tienen una expectiva de vida baja porque su vida ha estado marcada por la discriminación y la exclusión, por diferentes formas de violencia. Por ello, aquellas que logran sobrepasar la edad de 50 años son consideradas un verdadero ejemplo de fortaleza, resiliencia y supervivencia.
“Buscamos honrar la lucha de las personas trans mayores. Es una marcha política con la que decimos: estamos, existimos, resistimos. No tenemos derecho ni a envejecer, pero lo hacemos”, cuenta Andrea Correa, ‘La Coqueta’, lideresa de la Fundación Lxs Locxs, que ha participado en la organización de cada una de las marchas.
Andrea también tiene el orgullo de haber apoyado y ser parte de la investigación que le contó a académicos de todo el mundo cómo es envejecer siendo trans en esta parte del planeta. Un testimonio de sobrevivencia a las violencias de las que son víctimas a lo largo de la vida y que se intensifican en la vejez.
En 2025 la prestigiosa revista Ageing & Society (A&S), de Cambridge University Press, dedicada a divulgar la investigación sobre el envejecimiento humano y las condiciones de vida de las personas mayores en sus contextos sociales, económicos y culturales, publicó los resultados del estudio liderado por la psicóloga colombiana María Fernanda Reyes, quien además es profesora del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes.
‘Envejecimiento y vejez: un análisis de las barreras y los recursos que experimentan las mujeres trans colombianas’ visibilizó cómo las violencias estructurales, la violencia policial, la transfobia, entre otros asuntos, afecta la vida de estas personas y cómo han hecho para salir adelante, para llegar a la vejez.
“El estudio evidecia la lucha de las personas trans, su cohesión comunitaria, y cómo esto las ha protegido y ha generado una resistencia muy importante que las ha llevado a tener incidencia en políticas públicas”, explicó Reyes a BienVividos y +.
Víctimas del odio
Según el estudio, las personas trans constituyen uno de los grupos más marginalizados y estigmatizados del mundo. Las diversas formas de violencia afectan de manera severa su bienestar y limitan el desarrollo de sus potencialidades. Esta situación lleva a una mayor prevalencia de problemas de salud física y mental y, lo más preocupante, a ser víctimas de crímenes de odio.
Las normas sociales, culturales e institucionales impuestas de que la identidad de género de todas las personas debe coincidir exactamente con el sexo que nacieron, ha llevado a que las personas trans sean agredidas y excluidas por transgredir esa norma. Además, cuando intentan procedimientos médicos o tratamientos hormonales para modificaciones corporales, la mayoría de las veces no cuentan con el apoyo profesional, por lo cual recurren a automedicación y procedimientos artesanales que afectan su salud. A esto se suma que usualmente viven su transformación en soledad y aislamiento, sin el apoyo necesario, lo que las hace vulnerables a múltiples violencias.
Reyes llama la atención sobre el hecho de que la personas trans que se encuentran en la adultez intermedia y vejez vivieron durante varios años bajo la Constitución de 1886, lo que significó que fueran consideradas como criminales debido a que las identidades de género diversas eran ilegales. Varias participantes del estudio relataron haber sido víctimas de violencia policial, como violencia física, sexual y capturas arbitrarias por su expresión de género, como el uso de prendas femeninas que era considerado un delito. “Cuando llegué aquí, a Bogotá, la policía lo mandaba a uno a la cárcel, 15 días por tener prendas femeninas, la policía le cortaba a uno el cabello, la policía le daba duro donde quiera que estaba uno”, señaló una de ellas.
Otra sostuvo: “Quien quisiera podía agredirme y quienes quisieran apuñalarme lo hacían.La policía permanecía en silencio, e incluso en esos momentos, incitaba a la violencia, diciéndoles a los demás que golpearan aún más fuerte”.
Como señala el estudio, esa transfobia llevó a que vivieran con portunidades escasas y limitadas: “…o somos prostitutas o somos estilistas, de ahí no nos sacan”, dijo una. También a vivir con el temor de estar en un riesgo constante: “tuve muchos accidentes en la calle de disparos, puñaladas cosas así, pues estando en la calle se arriesga a lo que venga”. Esas situaciones las llevaron a buscar contextos fuera de su casa, en otras ciudades, donde no escaparon a la violencia de género.
El artículo16 de la Constitución de 1991 estableció el libre desarrollo de la personalidad y con ello les dio un poco de tranquilidad. La expresión de su género ya no se considera un delito y las violencias contra ellas son ilegítimas; sin embargo, las 23 mujeres trans que paticiparon en la investigación aseguraron que los avances legislativos no han sido un seguro para blindarlas de la pobreza extrema, la exclusión social, la discriminación y la falta de acceso a la educación, la salud y el empleo. Todo eso hace que su esperanza de vida sea significativamente menor que la de sus pares, como indica la investigación.
La vejez llega con otras violencias
‘La Coqueta’ tiene 60 años. Dice con tristeza que efectivamente el promedio de 35 años de vida que algunos señalan para las personas trans es una realidad. “Aunque se han olvidado de las que existimos y tenemos 50, 60, 70 y más, nos ponemos a pensar que sí es como un privilegio de Dios, de la misma vida, que una pueda seguir contando esta historia, porque no solo en Colombia, sino en México, en Perú y en otros países siguen asesinando las chicas de 28, 30, 29, 25 años”.
Por eso, precisamente, el año pasado ella y otras lideresas de la comunidad trans decidieron, a través de Yo Marcho Trans, que se diera un protagonismo a la vejez . “Era como echar una miradita hacia estas personas que hemos abierto caminos para que otras transiten, de una manera, no digamos libres, pero sí más tranquilas”.
En la marcha se honró a mujeres trans que han dado diferentes batallas para que se respeten sus derechos y el de sus compañeras, es decir, estuvieron en peligro y, a pesar de ello, siguen vivas. Sin embargo, llegar a la vejez les ha traído otras luchas: lograr el sustento diario para lo mínimo, pues no tienen trabajo y mucho menos una pensión, además se ven obligadas a superar los problemas de salud sin contar con atención médica.
“Las personas trans mayores enfrentan discriminación adicional por su edad, en un contexto de pobreza y trabajo en la calle, que no cuenta con apoyo gubernamental y oportunidades laborales, lo cual agrava su situación económica. Esa discriminación por edad y género se manifiesta en comentarios despectivos y exclusión. La vejez trans se asocia con estereotipos negativos, como ser considerado ‘viejo’ y ‘feo”, explica Reyes.
Esa discriminación que menciona la investigadora existe no solo dentro de las instituciones, las políticas sociales y las familias, sino también entre su propia comunidad. Una de ellas relató que ahora, siendo una travesti mayor, le dicen: “¡Fuera, fuera, viejo maricón, maricón feo!… Vístete de hombre, ni siquiera te avergüenzas, ya eres tan viejo y estás ahí parado”.
Ese maltrato y desprecio las hace tener un sentimiento de abandono: “Estamos solas; ustedes pueden tener a su familia, pero nosotras estamos solas y realmente tenemos que valernos por nosotras mismas, y ya no nos dan trabajo porque somos mayores, y sí, tal vez algunas de nosotras estamos enfermas”. Otra de las participantes agregó: “Porque nosotras, como personas trans mayores, tenemos que pensar dónde recostar la cabeza, ya que todo el mundo nos mira con desprecio”.
Para contrarrestar esta dura situación, varias de ellas siguen acudiendo a las redes de apoyo que han creado a lo largo de la vida, participan en movilizaciones sociales y hacen activismo, lo cual las ha ayudado a tener un poco de bienestar y esperanza en la vejez. Otras más han intentado reconectarse con sus familias e incluso han logrado la reconciliación familiar. “Actualmente, mi relación con mi familia es buena, a pesar del miedo que tenía de que mi padre se enterara… Mi madre falleció, y luego mi padre se enteró de que yo era trans… Cuando se enteró, me llamó. Lo respeto, aunque le tenía miedo. En cualquier caso, tenía que respetarlo… Me dijo: “¿Por qué no me lo dijiste antes? Me imagino cuánto debiste haber sufrido”. Le dije que tenía miedo”, contó una de las prticipantes.
Una segunda oportunidad

Como señala el estudio, los recursos propios también ayudan a las personas trans mayores a sobrepasar la adversidad. Por ejemplo, algunas muestran fortalezas como la valentía y el optimismo, y otras se aferran a sus creencias religiosas y a la fe.
“Esta estrategia puede considerarse una de autocuidado. Uno de los hallazgos más interesantes fue que las participantes modificaron sus conductas de autocuidado y comenzaron a concebir la vejez como una segunda oportunidad, comprendiendo la importancia del autocuidado para mantener su bienestar. Como afirmó P7: «La vejez es una metamorfosis… ahora como sano, ya no me acuesto tarde, no bebo demasiado, solo en ocasiones especiales»”, se lee en el artículo de la revista científica A&S.
Reyes agrega que la edad media les muestra otras maneras de vivir, como les ocurre a todos los seres humanos. “Eso es muy importante también decirlo, es como nos pasa a todos, a lo largo de los años viene esta capacidad de aceptar los cambios y de ser un poco más sabios para tener mayor autocuidado; pero para ellas ha sido una lucha muy fuerte que no termina”.
Por eso, su insistencia en que todas las personas no envejecen igual y que las políticas públicas deben responder a esa realidad. “El envejecimiento está permeado por muchos factores: la identidad de género, el estatus socioeconómico y la edad, entre otros tantos. Por ello, tenemos como sociedad la necesidad urgente de diseñar y desarrollar políticas, intervenciones y servicios diferenciados e inclusivos que garanticen los derechos de todas las personas. En este caso de las personas trans para que tengan un envejecimiento digno”.
Ángela Constanza Jerez
Cofundadora de BienVividos y +





