En Colombia, cerca de 4,6 millones de personas asumieron en 2025 el rol de cuidadoras informales de personas mayores, el doble de las que había en 2015. La mayoría son mujeres, hijas o esposas, que dedican en promedio 56 horas semanales a esta labor, 62% de ese tiempo sin remuneración y sin formación. Y aunque el 54% de ellas considera necesario prepararse para cuidar, la mayoría nunca lo ha hecho, según cifras proyectadas en 2018 por Sandra Huenchuan, especialista en envejecimiento de la Cepal.
Asimismo, en España, el laboratorio farmacéutico Cinfa documentó en 2025 que el 51,1% de los cuidadores pertenece a la llamada «generación sándwich»: personas que cuidan a una persona mayor, mientras tienen hijos a cargo y deben trabajar, con una carga promedio de 20,6 horas semanales, sin remuneración y sin conocimiento suficiente para cumplir con esta labor.
Según Misión Colombia envejece, una investigación Viva, de la Fundación Saldarriaga y Fedesarrollo, entre otros, a medida que aumenta el poder adquisitivo de una familia o una persona mayor, existe la posibilidad de que la persona mayor accedan a cuidado remunerado o centros especializados. “Así, se advierte que en 2020 tan solo un 1,5% de las personas mayores de nivel socioeconómico bajo recibían cuidado por parte de individuos que obtenían un pago por su labor. Esta proporción contrasta fuertemente con la observada para niveles socioeconómicos altos donde los cuidadores remunerados representaron un 8,7% del total”, señala el estudio.
Lo cierto es que tanto cuidadores formales como informales requieren preparación para cumplir con las responsabilidades de cuidar a una persona mayor, de esa manera no hay riesgos de maltratos involuntarios o altos niveles de estrés que puedan producir el síndrome del cuidador quemado, entre otros riesgos.
“La capacitación es esencial para garantizar un trato digno, seguro y de calidad”, señala Alfredo Bohórquez Rodríguez, presidente fundador de Albor Consultor SL, una consultoría sociosanitaria y gerontológica española especializada en modelos avanzados de atención a personas mayores, que ha desarrollado por más de tres décadas.
Tras varios años de seguir de cerca el acelerado envejecimiento poblacional en Colombia y América Latina, Bohórquez formó una alianza con la gerontóloga colombiana María del Pilar Zuluaga Guerrero y un equipo de 14 profesionales en España para crear en 2022 Albor Colombia. Su propósito es trasladar al país modelos para las instituciones de cuidadores al contexto cultural colombiano.
Los modelos que Albor busca transferir a Colombia están centrados en tres pilares. El primero es la atención centrada en la persona: respetar sus ritmos, sus gustos y su forma de querer vivir. El segundo es el certificado de calidad para instituciones, que incluye auditorías externas para evaluar cómo viven, visitan y trabajan las personas en esos espacios. Y el tercero es la certificación de empresa u organización amigable con personas mayores, donde las propias organizaciones de personas mayores auditan qué tan bien está una institución en materia de derechos, programas y atención a este grupo.
Bohórquez explica que Albor ha formado a más de 500 profesionales en España y Latinoamérica en atención centrada en la persona, ha acompañado a 50 organizaciones del sector sociosanitario y ha participado en el diagnóstico de 54 centros de personas mayores. Su certificado de calidad cuenta desde 2025 con el aval de la Confederación de Organizaciones de Mayores de España y de la Universidad Internacional de La Rioja.
¿Qué necesitan las instituciones para cuidar?
Para Bohórquez existen tres bloques de conocimiento. El primero es el humanístico: tratar a las personas con respeto y dignidad. El segundo es el técnico: saber cómo atender a alguien con incontinencia, Alzheimer o depresión, conocer qué se debe hacer y qué no, y aplicarlo a través de protocolos y manuales de calidad. El tercero es el de gestión: evaluar y medir lo que se hace, usando encuestas de satisfacción dirigidas a la persona mayor, a su familia y a los propios profesionales, para entender cómo perciben el servicio quienes viven, visitan y trabajan en él.
En cuanto a la formación, Bohórquez señala que un cuidador debería tener una base como auxiliar de clínica o de enfermería. Sin embargo, lo más importante para cualquier cuidador es aprender a acompañar a una persona en su proyecto de vida, algo que va mucho más allá de las tareas mecánicas del cuidado diario.
Albor identificó que Colombia no cuenta con un certificado de calidad específico para la atención de personas mayores. Para desarrollarlo, trabaja con asociaciones de Bogotá y Medellín como Avarger, dedicada a garantizar una atención humanizada y especializada; Prososerh, la Red de Hogares de Personas Mayores, y Fundacol, organización enfocada en mejorar la calidad de vida de este grupo poblacional. Los primeros pilotos del certificado arrancan próximamente.
“El trato en Europa es mucho más frío”, reconoce Bohórquez. “La forma cálida de los colombianos relacionarse juega a nuestro favor”, explica.
Finalmente, ve en los jóvenes una pieza clave para el futuro del cuidado. Usa el término talento junior para referirse a las personas jóvenes y talento sénior para las personas mayores, y sostiene que ambos no se oponen, sino que se complementan. Para él, la clave está en la humildad: un mayor aprende del joven tanto como el joven aprende del mayor, en lo que denomina “comentorización”, un modelo de aprendizaje mutuo entre generaciones que, aplicado al mundo del cuidado, podría ser parte de la solución al déficit que hoy enfrenta la sociedad, en cuanto a cuidadores.
Precisamente, sobre estos temas conversará en diferentes espacios en Colombia, donde estará unos días. Las personas interesadas pueden comunicarse a los correos: albor@alborcolombia.co y alfbohorquez@alborconsultor.com





