Hotel Noi Vitacura, Santiago (Chile). Periodistas de diferentes países de América Latina aguardan, durante una mañana de finales de septiembre, a Isabel Allende. La escritora que en agosto cumplió 83 años y que volvió a su país, luego de cuatro años de ausencia, para hablar de su más reciente novela: Mi nombre es Emilia del Valle. Sin embargo, no solo conversó sobre la reportera de guerra, protagonista de su escrito, también reflexionó sobre el envejecimiento, el amor, el feminismo, la inteligencia artificial y el futuro.
Allende nació en Lima (Perú), pero su familia y ella son de nacionalidad chilena, además obtuvo la ciudadanía estadounidense. En Estados Unidos ha vivido la mayor parte de su vida. También lo hizo en Líbano, Bolivia y Venezuela. Es hija de Francisca Llona y Tomás Allende, primo hermano del expresidente de Chile, derrocado y asesinado en 1973, Salvador Allende.
Hoy es reconocida como una de las escritoras de habla hispana más leídas en todo el mundo. Su obra ha sido traducida a 42 idiomas y ha vendido cerca de 73 millones de ejemplares.
En esa mañana en Santiago aseguró que las personas, y en especial las mujeres, no tienen fecha de caducidad para soñar, vivir y amar. “Yo soy un buen ejemplo de que ese no es el caso. Tengo 83 años y estoy enamorada. De un anciano, si tú quieres, pero ahí estoy. Yo creo que la edad nos limita en muchas cosas físicamente, pero sí podemos tener salud, un propósito y, en lo posible, amor también”.
Precisamente, gran parte de sus mensajes fueron para las mujeres. Las instó a estar alertas para defender sus derechos porque las conquistas suelen revertirse. “Seguimos viviendo en una cultura patriarcal y basta cualquier excusa para que nos quiten derechos. En Estados Unidos es notorio, y ni qué decir en partes como Afganistán. Las mujeres jóvenes, sobre todo, tienen que estar informadas, conectadas y vigilantes para defender sus derechos, porque se los van a quitar, si no los defienden. En la trayectoria del feminismo he visto muchos retrocesos. El que no hayamos reemplazado el patriarcado no significa que hayamos fracasado, significa que la lucha es mucho más larga de lo que creíamos. Cuando yo empecé a trabajar como periodista feminista en la revista Paula, tenía veintitantos años. Leí todos los libros de las feministas americanas, británicas, europeas y decía: ‘esto es tan lógico que en unos diez años habremos resuelto esta cuestión’. Creo que nos faltan diez generaciones, pero lo vamos a obtener”.
“¿Y qué les podría decir a las mujeres que cuestionan su edad y su físico y sufren hoy día con los estándares de belleza y la invisibilidad en el mundo laboral?”, le preguntó una periodista.
Allende le respondió: “Es gravísimo cuando hay un prejuicio contra la edad y cuando a la mujeres nos ponen fecha de caducidad. Eso no tendría que ser así. Y esa obsesión de cómo nos vemos, de manternos jóvenes, de ocultar la edad, es más que nada por el trabajo. Cuando uno se libera de eso viene una etapa de la vida fantástica, en la que todo te importa un bledo. Si tienes las pechugas por ahí arriba o por allá abajo, da igual, y lo que importan son otras cosas. ¿Qué les diría? que no les puedo aconsejar nada porque vivimos en una cultura que está enfocada a la belleza, la juventud y el éxito, pero a nosotras, a las mujeres de todas las edades, nos corresponde cambiar esa cultura, porque las que son jóvenes hoy y andan con tacones aguja, en unos pocos años más no van a poder hacerlo. Van a entrar en esa etapa de la invisibilidad que puede ser muy agradable también”.
Juventud y futuro
Jóvenes, hombres y mujeres, según señalaron algunos periodistas durante el encuentro, se sienten atraídos por la escritura de Allende. Ella aseguró que eso se debe a que en sus libros están personas de todas las clases sociales, etnias y edades. “Es una especie de muestrario de la humanidad. Mis libros son sobre emociones y sobre sentimientos y relaciones humanas, que son más o menos universales y transversales y tal vez por eso se conectan los jóvenes”.
A los escritores jóvenes les repitió algo que dijo haberlo oído a la escritora estadounidense Elizabeth Gilbert: “No esperen que la escritura les dé fama ni dinero, ni siquiera escriban para ser publicados. Escriban porque aman el proceso. Y si aman el proceso van a hacerlo contra viento y marea en el arte, en cualquier arte, en cualquier trabajo creativo. Ese es el secreto, hacerlo porque uno no puede dejar de hacerlo, porque tiene una verdadera pasión por lo que hace. En general, le va bien a quien escribe con pasión y con honestidad, no para estar de moda, no para la crítica, sino porque ama esa historia”.
Sin embargo, reconoció que la creatividad está en riesgo por cuenta de la inteligencia artificial porque puede plagiar cualquier cosa. “Voy a dar un ejemplo. Sale un aviso comercial en el que estoy yo en una silla de ruedas saliendo de un hospital, bien viejita, con el pelo blanco, y dice que he tenido una crisis de artritis y que este remedio me ha curado y entonces aparece el frasco con píldoras, con mi voz y con mi imagen. Eso se puede hacer en cualquier campo. También me pasó una cosa bien curiosa. Había escrito mi primer libro para niños chiquitos. El libro ilustrado no lo tenía nadie, estaba todavía en manos de la editorial, o sea, no lo había visto nadie, y para hacer una prueba, mi hijo Nicolás le pidió a la inteligencia artificial que hiciera un libro para niños de entre 4 y 6 años, con una perrita y un niñito en el estilo de Isabel Allende. En 30 segundos me escupió el cuento prácticamente idéntico. Da un poco de miedo, pero pienso que hay un elemento que no se copia y es la emoción. Tú puedes copiar el estilo, puedes copiar el cuento, puedes copiar el argumento, pero hay una cosa que es unica en el arte y en la literatura que es la emoción. Es que te toca el alma y eso todavía no se ha obtenido.
“Yo creo que en el futuro lo van a hacer, pero ya voy a estar muerta. Mi marido va tres veces a la semana a la universidad a estudiar, y siguió un curso con inteligencia artificial, y la pregunta era: ¿podría llegar a tener conciencia? Y hay por lo menos un teórico muy importante y muy respetado que cree que sí, que se puede llegar a un momento en que tenga conciencia como la conciencia humana”.
Finalmente, y ante la pregunta del único periodista colombiano en la sala (por cierto, un columnista de BienVividos y +), la escritora pronóstico el futuro de los medios tradicionales: “No sé en Colombia, yo creo que el medio va cambiando, pero la labor del periodista es fundamental. Son los ojos que ven la sociedad y que la cuentan. Eso va a ser siempre necesario. Ahora: ¿si van a existir los periódicos impresos? Posiblemente no. Pero va a existir la función. Lo mismo de la novela: el proceso de contar, la necesidad de la humanidad de escuchar una historia va a existir siempre. Ahora: ¿cómo va a ser el medio? Quizás te implanten un chip en la oreja y dormida escuches la novela”.





