Nació en Dibulla, extremo occidente de La Guajira, sobre el mar Caribe. Sus turbantes de colores siempre combinan con sus vestidos. Es de tez morena y sonrisa amplia, Ella es Edelmis Móvil. Una mujer de 60 años, que se enorgullece de ser parte de la tercera generación de cocineras, en su bello municipio.
El origen de las recetas comenzó con Juana Serrano, su abuela, quien era dueña de una de las casas más antiguas del pueblo, a la que todos llamaban Casa Juana María. Juana salía a vender sus platos típicos por las calles de Dibulla, acompañada de su hija Georgina Mejía, madre de Edelmis.
“Me huele a Georgina Mejía” era la frase que decían los dibulleros, cuando los platos típicos de estas mujeres estaban cerca.
Edelmis comienza hoy sus preparaciones con los buñuelos de yuca. Primero cocina la yuca en agua con sal para luego molerla en un molino de grano, marca Victoria, quizás el más tradicional de la cocina colombiana.
Con la mano convierte esa masa en pequeñas bolas que van directo a un sartén de aceite caliente. Allí permanecen hasta que queden doradas por fuera y suaves por dentro. El punto preciso para bañarlas con miel de panela y llevarlas a la boca.
Eider Almazo Móvil, de 42 años, es su hijo. El único que ha tenido interés por conservar la tradición de la cocina familiar, que Edelmis desea mantener para que el legado culinario de la familia no se pierda. Las nuevas generaciones parecen no tener tiempo para preparar recetas tradicionales ni deseos de guardar los secretos de la sazón guajira.
Una familia de tradición
Esta familia tiene raíces en el municipio que se remontan a muchas décadas atrás. Arístides, padre de Edelmis y abuelo de Eider, fue uno de los primeros en formar familia en Dibulla, llegó a tener 40 hijos. Algunos de ellos acompañan a Edelmis mientras prepara sus alimentos, pues siempre cuelga un pendón con una fotografía de sus hermanos más cercanos en la sala que está junto a la cocina.
“Tener siempre la foto en mi sala es verlos reunidos. A donde quiera que cocine, esa foto tiene que acompañarme porque somos todos juntos”, explica, cuando agarra un puñado de harina de maíz tostado, después ralla el coco y derrite la panela. Su mezcla lleva otros ingredientes secretos de la familia que solo revela en voz baja: pimienta negra en grano, molida por ella misma.
Toda la preparación es «al ojímetro», como ella dice para referirse a las cantidades de los ingredientes, con lo que da a entender que no existen medidas fijas ni recetas escritas, sino la experiencia de quien cocina. Así hace una masa suave y firme, con la que termina de preparar los mejores alfajores.

“Estos son mis alfajores. Pero no argentinos, che… ¡Estos son alfajores a lo DibuYork!”, dice entre sonrisas.
La cáscara del coco es el principal combustible para prender la parrilla en la que ella cocina, fue hecha con un condensador, que es la parte trasera de una nevera.
Hace cinco años murió Georgina, la madre de Edelmis. Un duelo que frenóla cocina familiar por un tiempo, pues pensó en cerrar todo y dejar la tradición para siempre. Un día, un grupo de dibulleros y turistas le pidieron que hiciera sus alfajores porque ninguno era como el suyo. Con poco ánimo prendió el fogón, pero lo hizo pensando en que su mamá se sentiría orgullosa.
Ese primer día de cocina fue duro; con el tiempo la herida de la pérdida fue sanando. Los olores de la cocina, los recuerdos y las fotografías fueron sus remedios. También lo ha sido la dicha de saber que transmite su identidad cultural a su hijo y sus nietos. Ellos han crecido a su lado viendo cómo prepara todas esas delicias. Su cocina tradicional le ha permitido viajar por Colombia para representar su cultura en Bogotá, Honda (Tolima) y Barranquilla (Atlántico).
De esa manera, los alfajores han sido degustados por turistas españoles, argentinos, estadounidenses, japoneses y polacos. Lo mismo que su famosa arepa e’ palo, una arepa dulce, cuyo ingrediente principal es el guineo verde rallado. “En La Guajira se le conoce como guineo manzano, y lo importante para las arepas e’ palo es que el guineo siempre tiene que estar verde. La masa lleva también coco, panela, sal y un toque de anís en grano tostado, molido y rezado», explica Edelmis.
Una vez que ella añade el anís a la masa, todos se acercan para oler sus manos llenas de ese dulzor. La masa puede ser redonda, como una arepa, aunque los nietos piensan que es más divertido convertirla en figuras de estrellas, mariposas o corazones. Unas y otras terminan encima de la hoja de árbol que está sobre la parrilla, que les da un sabor especial. Acto seguido, las comen calientes y con queso.

Eider voltea las arepas de palo con la mano. “Al día siguiente las arepas son aún más ricas”, dice y sonríe. Al igual que su mamá, él quiere que aquel que pase por su cocina se lleve un pedacito del sabor guajiro.
“Antes La Guajira tenía mala fama. Desafortunadamente aún pasan cosas malas, pero ahora la gente va conociendo más de lo bueno”, cuenta Edelmis. Una apreciación que hace desde su experiencia como gestora cultural de los platos típicos en La Guajira.
Cerca de la parrilla, el niño Ediel Josué, nieto de Edelmis y sobrino de Eider, se acerca a las arepas y dice: “Mi favorita es la arepa e’ palo”. Él ya ha comenzado a aprender los platos típicos.
“Yo siempre me siento orgulloso al ver que mi mamá, Edelmis, todavía genera atención hacia otras personas por lo que ella hace con sus manos para que puedan disfrutar de su comida. De mis hermanos, yo soy el que más ha estado interesado en continuar la cocina tradicional familiar”, finaliza Eider, mientras termina de asar las arepas de palo.
Edelmis y sus hermanos comenzaron la tradición de tener nombres con la letra ‘E’ como inicial, por lo que son muy reconocidos en el pueblo. Ese sello de la familia no lo piensan perder, como tampoco el de ser guardianes y referentes de los sabores, ingredientes y técnicas de las recetas ancestrales de La Guajira.
El legado de Juana Serrano, Georgina Mejía y Edelmis Móvil seguirá vivo con Eider y sus descendientes.
John Clavijo | Jaks
Periodista BienVividos y +





