Los trabajadores pasan décadas planificando su estabilidad económica con la mirada puesta en la jubilación, que representa el anhelado descanso y la posibilidad de hacer aquellas cosas que estaban postergadas, tras dejar largas jornadas laborales y poco tiempo para sí mismos y sus familias. Sin embargo, este cambio implica una fuerte transformación en la rutina y para algunos el retiro puede ser emocionalmente desafiante.
De acuerdo con Colpensiones, durante 2024 el país contó con alrededor 1,7 millones de personas que llegaron a la edad requerida y se jubilaron, de los cuales, 358.183 lo hicieron a través de un fondo privado de pensiones como Porvenir, Skandia, Colfondos y Protección. Si bien este hito puede ser celebrado por muchos, expertos en psicología cuentan que el retiro podría provocar ansiedad, depresión y sentimientos de inutilidad.
Algo de eso sintió don Jaime, de 64 años, que durante toda su carrera trabajó como funcionario público en la Alcaldía de Bogotá hasta que llegó a sus 62 años y se retiró. Inicialmente no sentía su jubilación como un retiro definitivo, hasta que empezó a notar que le hacía falta ser productivo durante el día. “La jubilación me pegó duro. Siempre pensé que iba a disfrutar del descanso, pero lo que sentí fue un vacío”.
Su rutina siempre comenzaba a las 5 de la mañana, cuando se levantaba y colocaba la radio para escuchar las noticias mientras tomaba un tinto y se arreglaba para después tomar el TransMilenio y llegar al centro de la ciudad para estar a las 8 en el Palacio de Liévano.
“Extrañaba las conversaciones en la oficina, la rutina y hasta el estrés. Sentí que dejé de ser útil, y ahora lo peor es que mis compañeros siguen trabajando en la oficina, así que me sentía solo”, comentó.
Con el paso de los años, Jaime descubrió nuevas pasiones que lo han llevado a practicarlo actualmente. Encontró en la actividad física y la pintura sus nuevos refugios para no sentirse inútil frente a la sociedad. Una nueva etapa que vive junto con su esposa, Nancy, y sus tres hijos.
La perspectiva de una experta
Claudia Irene Giraldo, psicóloga del Instituto de Envejecimiento de la Universidad Javeriana, explica que la forma como la sociedad entiende la jubilación tiene un gran peso emocional: “la jubilación siempre se ha asociado culturalmente, socialmente, con un momento como de corte en una rutina, en un trabajo; pero socialmente así no se vive. La jubilación es como el momento en que te dicen ‘ya no sirves’, y así lo percibe una gran cantidad de la población”.
La transición podría resultar difícil para aquellas personas que definieron su identidad a través del trabajo, debido a que en el país no se ha concientizado psicológicamente en cómo abordar a esta fase que será la que tendrán que afrontar hasta el último día de sus vidas. “En Colombia la idea de pensión o jubilación no está asociada con el éxito, sino con el fracaso. Hay empresas que no preparan bien a sus trabajadores a esta fase, y en este país es necesario hacerlo porque el envejecimiento es un ciclo en el que la gente no quiere pensar”, asegura Giraldo.
Prepararse emocionalmente
Por ello la experta sostiene que este reto debe comenzar años antes de la jubilación oficial. No basta con realizar presupuestos financieros; es determinante saber cómo será la vida luego que el trabajo que se hizo por varios años termine. Es por esta razón que expertos recomiendan idear proyectos personales relacionados con estudio, nuevas perspectivas laborales, viajes y otros pasatiempos. También recomiendan tener redes de apoyo para que el impacto emocional no vaya a ser chocante.
“Entender que salir del trabajo no es acabar con mi vida, sino que es poder prepararme psicológicamente para retomar actividades que puedan seguir aportando a mi conocimiento. Reconocer dónde están mis limitaciones y a qué cosas tengo que adaptarme para alistarme para el envejecimiento”, explica Giraldo.
Contrarrestando la información de don Jaime, para Clara Herrera, de 63 años, la jubilación le ha ayudado a descubrir nuevos gustos que no pudo desarrollar durante sus 30 años como ejecutiva en el sector de la salud y que ahora disfruta sin ninguna distracción. “Desde el primer día que me jubilé, decidí no quedarme quieta. Me inscribí en los talleres de bienestar que ofrece Compensar para personas mayores, y eso me pareció importante. Actualmente hago yoga, participo en grupos de lectura y hasta sé algo de tecnología”.
Otro punto que destacó Clara fue que gracias a su jubilación empezó a conocer gente nueva que también tenían ese pensamiento que el retiro no fuera un sinónimo de encierro, lo que le permitió descubrir nuevas facetas que antes no tenía.
Apoyo interno y externo
Para dar soporte a esta quienes pueden tener ansiedad por este nuevo momento las cajas de compensación, entre otros, tiene programas especiales
“Desde Cafam con el programa ‘Vitalidad+’ articulamos dimensiones de bienestar en una sola programación de actividades. Ahí combinamos clases de actividades físicas, talleres de memoria, danzas, actividades espirituales dentro de un plan mensual. Un plan que aporta al beneficio del bienestar de las personas mayores”, cuenta Carolina Tavera, jefa del programa ‘Adulto Mayor’ de Cafam. Como se ve, la preparación psicológica para la jubilación es tan importante como la financiera. No es solo dejar de trabajar en lo que se ha hecho por varios años, es también construir un nuevo proyecto de vida con sentido y propósito . De esa manera se podrá logar que la jubilación no sea sinónimo de pérdida, sea sinónimo de oportunidad.
Como se ve, la preparación psicológica para la jubilación es tan importante como la financiera. No es solo dejar de trabajar en lo que se ha hecho por varios años, es también construir un nuevo proyecto de vida con sentido y propósito. Esto se logra, según los expertos, siguiendo estos pasos:
1. Reconocer que la jubilación no es el final, sino una transición en la vida
“Jubilarse no es dejar de ser; es cambiar de rol en la sociedad”, explica la psicóloga Claudia Castaño.
De acuerdo con la experta, jubilarse es entrar en una etapa donde las personas comienzan a tener otra visión sobre la vida, en la que ahora descubrirán nuevas habilidades que antes no se desarrollaban, aclarando así que es una fase de reivindicación y no de pérdida.
2. Anticiparse emocionalmente y preparar la mente para el cambio
“No podemos improvisar una vida con sentido después de la vida laboral. Hay que imaginarla con tiempo”, dice Castaño.
Lo primordial es comenzar a pensar en la jubilación cinco años antes para que haya tranquilidad cuando se deje de hacer el trabajo que se hizo por más de 30 años. Un consejo clave es empezar a visualizar cómo sería una rutina diaria, que incluya tranquilidad emocional y financiera.
3. Redefinir los propósitos personales
El psicólogo Ken Dychtwald, experto internacional en envejecimiento, menciona en su libro ‘Lo que quieren los jubilados: una visión holística de la tercera edad’ de 2020, que “la longevidad sin propósito puede ser una carga, no un regalo”.
Con esto, el autor se refiere a que la persona debe saber qué puede aportar ahora que cuenta con una mayor libertad. Un estado en el que debe mantener una salud mental y emocional estable y sin complicarse por el futuro.
4. Construir nuevas rutinas
“La rutina no es enemiga de la libertad; es aliada de la salud mental”, enfatiza la psicóloga Castaño. Por eso aconseja hacer cosas que gusten y mantener horarios de sueño, actividad física, espacios de ocio y tiempo social.
5. Ver el envejecimiento como una oportunidad
“No se trata de resistirse a envejecer, sino de vivir esta etapa con dignidad y plenitud”, concluye la experta. Recomienda seguir aprendiendo y entender que suceden cambios físicos y emocionales, como en todas las etapas de la vida.





