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‘Spider-Noir’: Crónica negra de un superhéroe jubilado

22 de mayo de 2026

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En el entorno de las series de televisión es común ver historias de obreros retirados, policías ya sin placa, actores que dejan el escenario o incluso ladrones que regresan del retiro (del retiro laboral, digo, no hablo de retiros bancarios). Pero, ¿un superhéroe jubilado?

Algo de esa premisa un tanto insólita fue la que movió al guionista Oren Uziel a imaginar la vida de un campeón de la justicia con superpoderes, quien por una tragedia en su vida personal decide abandonar el heroísmo y lidiar con la edad avanzada, el secreto de su gloriosa vida anterior y un montón de deudas.

No contento con ese reto, Uziel se propuso reclutar a Nicolas Cage para hacer el papel, ya que este había prestado su voz a versiones previas del personaje. Y para hacerlo aún más difícil decidió presentar la trama oscura y de corte antiguo como una vieja película en blanco y negro. ¿El resultado de tantos desafíos? La hermosísima serie ‘Spider-Noir’, que se estrena el 27 de mayo en Prime Video.

Como homenaje a esas películas de mediados del siglo pasado en las que detectives decadentes, envueltos en humo de cigarrillo y alcohol, coqueteaban con la perdición mientras seguían las huellas de un caso imposible, esta serie reproduce las atmósferas del ‘film noir’ (o cine negro, en francés) para contar las desventuras y ocasionales éxitos de Ben Reilly, el personaje de Cage.

La ofician de B. Reilly, investigador privado
Cortesía Prime Video

Reilly investiga la vida de sus clientes apoyado en su prolija secretaria, quien en realidad resuelve más cosas que él. Al contrario, el detective se mete en innumerables problemas que ponen en riesgo su vida y debe solucionarlos con minúsculos guiños a su otro yo, el que fue The Spider (superhéroe emparentado con el Hombre Araña, pero con abrigo y una especie de pasamontañas, más o menos como si viviera en Tunja).

Así, Reilly termina salvando su vida con una telaraña que sale de su muñeca o aguzando su sexto sentido arácnido para colaborar con otros personajes del cómic, como Cat Hardy (en la voluptuosa versión que aporta la actriz Li Jun-Li) o como El hombre de arena (que encarna Jack Huston).

Algunos de esos personajes los había visto en las películas de ‘Spider Man’, cuando mis hijos eran niños. Pero debo reconocer que esta serie no es infantil: está pensada en viejos hedonistas como yo, porque los adultos se la pasan bebiendo cocteles en plena época de la prohibición, sus mujeres desfilan sensuales ante la cámara y los magnates se atragantan con manjares que mi médico me prohibiría con un bate en la mano. Es una apología de lo políticamente incorrecto. Es decir, una delicia.

Si bien la serie puede verse en blanco y negro, también hay una versión en color, que captura los ojos juveniles, acostumbrados a las altísimas resoluciones. Pero, honestamente, recomiendo la versión de tonos grises, que igual ofrece una fotografía exquisita, con el agregado de la nostalgia del pasado, como su música de jazz o las portadas de los diarios al estilo de la década de 1930.

Otro placer culposo es la presencia de un colega, el reportero Robbie Robertson, con una ética dudosa que le permite chantajear a los policías o sobornar fuentes para estar siempre primero en el lugar de la noticia. Aunque su labor sería incómoda en los salones de clases de periodismo, sería aclamado con vítores en cualquier sala de redacción porque tiene tantas historias como clientes en los bares neoyorquinos.

Nicolas Cage fumando un cigarrillo, en el papel de Ben Reilly
Nicolas Cage en el papel de Ben Reilly | Cortesía Prime Video

Finalmente: que una estrella de Hollywood como Nicolas Cage debute en una serie de televisión a los 62 años ya es noticia. Pero que lo haga en el papel de un perdedor, un desahuciado por la sociedad, es titular de primera página. Hace pocos días, el actor le dijo a la revista ‘Esquire’ que su personaje no era, como en el cómic original de Marvel, un clon genético del Hombre Araña. Para él, es un clon de Humphrey Bogart.

Y sí: con un cigarrillo humeante en la boca, bajo un sombrero de fieltro y las luces de un farol, Cage parece una reencarnación del protagonista de ‘Casablanca’. La diferencia es que en su negocio no brilla el glamour del bar de Rick, a donde llega Ingrid Bergman. La oficina de Cage apesta a nicotina, es atendida por una secretaria gorda y solo llegan maleantes. Es decir, ‘Spider-Noir’ es una delicia.