América Latina envejece a un ritmo acelerado. Según proyecciones de la CEPAL y Naciones Unidas, para 2050 una de cada cuatro personas en la región tendrá 60 años o más y habrá más personas mayores que niños menores de 15 años. ¿En qué condiciones están llegando —y llegarán— estas personas a la vejez? ¿Qué políticas públicas responderán a los nuevos desafíos de este cambio demográfico?
Para Isabel Lovrincevich las respuestas comienzan por un derecho que considera sistemáticamente vulnerado: la autonomía. “El principal derecho que se vulnera no es el trabajo, ni la salud, ni siquiera la vivienda. Es la autonomía”, afirmó en una conversación con BienVividos y +.
Isabel tiene 69 años, es abogada y gerontóloga, vive en Mar del Plata (Argentina), una de las ciudades más envejecidas del país, donde cerca de 20% de la población es mayor de 60 años. Desde hace más de una década trabaja en la defensa de los derechos humanos de las personas mayores en espacios nacionales e internacionales. Fue vicepresidenta de la Alianza Global por los Derechos de las Personas Mayores (GAROP), punto focal regional en HelpAge International, e integra espacios de articulación con la CEPAL.
En su trabajo ha documentado situaciones que se repiten en distintos países: médicos que hablan con el familiar y no con el paciente por el solo hecho de ser mayor; internaciones decididas sin consulta; intervenciones sobre el cuerpo sin consentimiento. “Una persona puede necesitar ayuda para bañarse o vestirse, pero eso no significa que pierda el derecho a decidir sobre su vida”, señaló.
Mientras Isabel participaba en espacios globales de incidencia identificó una contradicción: incluso dentro de organizaciones que promovían derechos, las voces latinoamericanas y las de las propias personas mayores estaban relegadas. La falta de traducción simultánea en reuniones clave o la escasa representación regional evidenciaban una doble brecha: por edad y por origen.
En 2021 decidió crear Plataforma Mayor, una organización con base en Argentina y proyección regional que busca fortalecer la autonomía de las personas mayores desde una perspectiva de derechos humanos. “No se trata solo de denunciar vulneraciones, sino de construir herramientas para que las personas puedan decidir sobre su propia vida”, explicó a BienVividos y +.
Conversaciones para nuevas políticas públicas
El trabajo de Plataforma Mayor se estructura en tres líneas principales: formación, incidencia y acompañamiento. La organización ofrece capacitaciones en derechos humanos y envejecimiento tanto a personas mayores como a profesionales de la salud, operadores judiciales e instituciones públicas. Ha desarrollado procesos formativos con equipos médicos —entre ellos, profesionales del Hospital Cabral Báez en República Dominicana— y participa en espacios regionales de discusión de políticas públicas.
Además, brinda asesoría y acompañamiento en casos donde se ven comprometidos derechos vinculados a la toma de decisiones, promoviendo el reemplazo de modelos de sustitución por esquemas de apoyos que respeten la voluntad de la persona.
El alcance del proyecto también se refleja en el entorno digital. A través de redes sociales, donde suma más de 57.000 seguidores en Instagram y cerca de 20.000 en TikTok, Plataforma Mayor difunde información accesible sobre derechos, combate estereotipos asociados a la edad y promueve el debate público sobre envejecimiento y ciudadanía.
De esa lógica nació hace poco más de cuatro años Café en Compañía, una iniciativa que comenzará a implementarse en 2026 en distintas ciudades. Se trata de encuentros semanales en cafeterías que ceden sus espacios para que personas mayores se reúnan sin obligación de consumo. No hay conferencias ni dinámicas asistencialistas. La propuesta es generar comunidad y enfrentar la soledad, uno de los factores que más incide en el deterioro emocional en esta etapa de la vida. El modelo busca ser replicable y federal.
Las mujeres son mayoría en estos espacios y también en las estadísticas regionales. En América Latina, la vejez está feminizada: las mujeres viven más años y, en muchos casos, llegan a edades avanzadas en condiciones de mayor vulnerabilidad económica y social. “Sobre ellas pesa una doble carga: la edad y el género. Se les hace creer que ya no pueden amar, aprender o desear. Que su tiempo pasó”, señala Isabel.
Desde esa perspectiva, Plataforma Mayor insiste en que el envejecimiento no puede abordarse únicamente como un fenómeno poblacional. Requiere políticas públicas que garanticen autonomía, participación y acceso efectivo a derechos. Porque, como resume Isabel, el debate no es cuántas personas mayores habrá en el futuro, sino si las sociedades están dispuestas a reconocerlas como sujetas plenas de derechos en el presente.
Por: María Alejandra Quintero





