A finales de octubre, en la Feria del Café en Bogotá, Jairo Escobar ofreció a los visitantes el producto que tanto lo enorgullece. “¿Quiere probar mis patacones?”, les decía con una mezcla de timidez y felicidad, este emprendedor de 65 años.
Nació en el Quindío y ha recorrido Tolima, Risaralda y otros departamentos del país ofreciendo su producto. Precisamente, según el DANE, en el bello departamento del que es oriundo Jairo vive el grupo más grande de personas mayores de Colombia: 21,1%. Le siguen Caldas, con 20,8%; Risaralda, con 19,4%; Tolima, con 19,1% y Boyacá, con 18,3%.
La historia de Jairo es la de miles de colombianos que continúan trabajando, aunque por ley tengan la posibilidad de pensionarse. La gran mayoría lo hace por cuenta propia, pues los datos muestran que a medida que aumenta la edad incrementa esta forma de actividad laboral por falta de oportunidades laborales para las personas mayores. “Mientras que el 47,3% de los adultos entre 50 y 59 años trabaja por cuenta propia, esta cifra asciende a 73,0% entre las personas de 70 años o más”, señala El futuro plateado, informe de Anif y Porvenir, publicado recientemente. El documento asegura que esto puede relacionarse con las dificultades que enfrentan los adultos mayores para integrarse al mercado laboral formal a medida que envejecen.
Un hombre de emprendimientos
Jairo está en el sector de los micronegocios por su espíritu emprendedor. Su historia comenzó hace 26 años en Ibagué (Tolima), cuando en su cafetería preparaba patacones de forma artesanal. Al principio no pensaba en distribución, solo quería ofrecer un producto especial a sus clientes. Así nació la idea que, con el tiempo, lo impulsó a diseñar su propia maquinaria, mandarla a fabricar con un ingeniero de la misma ciudad y lanzarse al sueño de producir a mayor escala.
Intentó montar su primera fábrica en Salento (Quindío), pero la sociedad que había formado no funcionó y el proyecto quedó truncado. Eso no fue impedimento para volver a empezar. En 2022, con 62 años, levantó nuevamente su planta, esta vez en Cajamarca, también en el Tolima. Lo hizo sin socios, con mejores máquinas y con una visión más clara: producir un patacón más delgado y crujiente que cualquiera en el mercado. Hoy sigue perfeccionando su receta y, además, impulsa la economía local comprando plátano a campesinos del municipio.
Como ha señalado María Fernanda Suárez Londoño, presidenta del Banco Popular, entidad que está creando servicios para esta población, el segmento de personas mayores actualmente es más activo y tiene un rol económico decisivo, puesto que 18% de los 5,1 millones de micronegocios que existen en Colombia son propiedad de personas mayores. Eso significa que cerca de 940.000 emprendimientos son liderados por ellas.
Este dato derrumba los estereotipos sobre los mayores. No se trata de “sobrevivir” después de los 50, sino de seguir produciendo, innovando y moviendo economías regionales, como afirma Jairo, a quien los años le han dado experiencia, resiliencia y muchos aprendizajes que lo llevan a “no rendirse”.
Lo dice porque reconoce que hoy emprender es distinto. Las formas de vender, los clientes y los mecanismos para darse a conocer cambiaron radicalmente. Aprender a moverse en redes sociales, incorporar nuevas tecnologías y adaptarse a dinámicas que antes no existían ha sido todo un desafío para él; pero asegura que conserva una ventaja que no se improvisa: la serenidad para tomar decisiones y la claridad que solo da la experiencia. “Hay caminos que uno ya reconoce, y eso ayuda a moverse con más certeza”, afirma.
En esos caminos encontró el respaldo de la Cooperativa Multiactiva de Aporte y Crédito Cooperamos, que lo ayudó a complementar la maquinaria, un apoyo decisivo para su emprendimiento. Situación que no suele ocurrir a los emprendedores mayores, quienes tienen barreras para acceder a financiación especializada, formación técnica o herramientas de formalización.
Lo dice Jairo al hacer el diagnóstico de lo que ha vivido, eso sí, sin queja. Sostiene que se necesitan programas más claros de apoyo empresarial, líneas de crédito ajustadas a su realidad, acompañamiento técnico y espacios visibles para mostrar su trabajo. “Hace falta más apoyo para quienes decidimos emprender a esta edad”, agrega. Por eso, su mayor fortaleza no es la maquinaria ni la receta, sino esa constancia para ajustar el rumbo cuando le fallan los planes y leer el terreno con una lucidez que solo concede la experiencia. “Cuando uno ya ha pasado por tantas, sabe por dónde caminar”, afirma.
Lo evidencian las cifras
Según El futuro plateado, informe de Anif y Porvenir, ante las barreras para obtener empleo, las personas mayores optan por generar ingresos a través de actividades independientes o emprendimientos para poder subsistir. Esto también puede deberse a que 53,2% de las personas entre 50 y 59 no reciben pagos por pensiones o jubilaciones por vejez, invalidez o sustitución pensional; 20,8% de las que están entre 60 y 69 años y 13,8% de 70 años y más.
Los resultados de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) revelan que las personas mayores de 50 años tienen una alta disposición a trabajar, a pesar de que no estén buscando trabajo activamente. “El 15,3% de los adultos entre 50 y 59 años afirmaron haber estado buscando trabajo cuatro semanas antes; así como 5,0% de los adultos entre 60 y 69 y el 0,8% de los mayores de 70. Sin embargo, más del 94% de los adultos mayores dentro de los tres grupos etarios afirmaron estar disponibles para trabajar en caso de que le hubiera resultado trabajo”, señala el informe de Anif y Porvenir al referirse a los hallazgos de GEIH.





