Hace unos años, la vejez parecía un asunto distante. Algo que les ocurría a otras personas; pero llegó el momento en que veo que también tiene que ver conmigo y que esa etapa de la vida no es lejana.
Hoy tengo 50 años y, como muchas personas de mi generación, me he sorprendido haciendo preguntas que antes no me hacía: ¿cómo quiero llegar a los 70 años?, ¿qué puedo hacer hoy para conservar mi autonomía?, ¿cómo evitar algunas de las enfermedades que veo en mi entorno familiar?
Las inquietudes comenzaron a llegar a mi cabeza hace unos años, durante la pandemia. En 2020 sufrí un accidente cerebrovascular que me provocó visión doble. Después, en noviembre de 2023, tuve una cirugía de rodilla que me obligó a permanecer varias semanas con una movilidad muy limitada. Durante ese tiempo aumenté de peso y llegué a superar los 75 kilos. Más adelante aparecieron nuevas señales de alerta. Los médicos me advirtieron sobre el riesgo de desarrollar problemas relacionados con el azúcar en la sangre.
Entonces, busqué entender lo que me estaba pasando y encontré apoyo profesional que me mostró aspectos de mi salud que desconocía, entre ellos la resistencia a la insulina y las deficiencias nutricionales.
Sin embargo, el cambio más importante no fue el diagnóstico. Fue la pregunta. ¿Qué quería para mi futuro?
La salud de mis padres me dio respuestas. Tienen 79 años y han enfrentado desafíos de salud que han dejado huellas profundas en nuestra familia.
Mi mamá superó un cáncer de seno que obligó a retirarle una mama. También tuvo una cirugía de corazón abierto para la revascularización de tres arterias. Con el paso de los años necesitó un stent y, durante la pandemia, le implantaron un desfibrilador cardíaco.
Mi papá, por su parte, sufrió un accidente cerebrovascular, tuvo cáncer de próstata, padeció un infarto y hoy vive con dos stents.
Acompañarlos en sus consultas médicas, hospitalizaciones, tratamientos y recuperaciones me permitió entender de cerca el impacto que pueden tener las enfermedades crónicas sobre la calidad de vida, la independencia y la tranquilidad de una persona y de toda una familia.
Por eso, cuando pienso en los cambios que he hecho en mi alimentación y en mis hábitos de salud, no pienso solo en bajar de peso o en sentirme mejor hoy. Pienso en el futuro. Pienso en cómo quiero llegar a los 79 años.
Ver a mis padres enfrentar tantas batallas médicas me hizo comprender que muchas de las decisiones que tomamos a los 30, 40, 50 o 60 años pueden marcar una diferencia importante en las décadas siguientes.
¿Cómo quiero llegar a esa edad?
No trato de buscar la perfección ni de luchar contra el paso del tiempo. Busco conservar la mayor autonomía posible, mantener la movilidad, disfrutar a mi familia, seguir aprendiendo y tener energía para hacer las cosas que me gustan.
Hoy tengo una nueva relación con mi cuerpo.Por ejemplo,en los últimos años he cambiado hábitos que antes consideraba normales.
Siempre disfruté comer de todo, especialmente los dulces. Hoy sigo disfrutando la comida, pero la observo de manera distinta. Aprendí a darle prioridad a las proteínas en el desayuno, incorporé alimentos como el kéfir y el queso cottage y trato de tomar decisiones más conscientes sobre lo que como. No porque quiero parecer más joven; quiero llegar mejor a la vejez.
Y creo que mi deseo es el de muchas otras personas; o por lo menos pienso que eso explica algo que vemos cada vez con más frecuencia: más personas caminando o trotando en los parques; más adultos aprendiendo a montar bicicleta; más interés por los chequeos médicos; más conversaciones sobre alimentación, masa muscular, sueño y bienestar.
No parece casualidad. El estudio de Kantar Ibope Media sobre hábitos de salud 2024 encontró que las personas entre 55 y 64 años son precisamente las que muestran mayor constancia en los controles médicos preventivos, una señal de que la salud está ocupando un lugar más importante en esta etapa de la vida.
No vivir más, vivir mejor
Consultando para escribir este texto encontré que durante mucho tiempo la pregunta fue cómo extender la expectativa de vida. Hoy, libros, artículos y redes sociales evidencian que la pregunta parece ser otra: ¿Cómo vivir mejor los años que tenemos por delante?
La buena noticia es que nunca habíamos tenido tanta información sobre prevención, actividad física, alimentación y envejecimiento saludable. La mala noticia es que muchas veces empezamos a prestar atención cuando el cuerpo nos obliga a hacerlo.
Tal vez la mayor lección que me han dejado estos años es que cuidarse no tiene que ver solamente con bajar de peso o con seguir una dieta. Tiene que ver con construir, día a día, la vejez que queremos vivir.
Porque la vejez no es un asunto de otros. Es el futuro que todos estamos construyendo.
Nota de transparencia
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