Cuando hablamos de salud mental de las personas mayores, es importante detenernos un momento, entender que la salud mental va mucho más allá de la enfermedad y por lo tanto no se trata de enumerar enfermedades sino, más bien, comprender que cada etapa de la vida trae consigo nuevas formas de relacionarse, de pensar y aportar a las comunidades a las que cada persona pertenece. Envejecer no es solo un proceso biológico; también es emocional y social, y la salud mental es parte esencial de esa experiencia.
A medida que los años avanzan, lo hacen también ciertas condiciones que se relacionan con nuestro equilibrio psíquico. Esto, sumado a múltiples circunstancias, puede llevar a ciertas enfermedades psiquiátricas, la depresión, los trastornos de ansiedad, y especialmente los trastornos neurocognitivos o la demencia, se vuelven más frecuentes.
Claro está, esas enfermedades no afectan por igual a todas las regiones del mundo. El envejecimiento es un proceso universal e individual, no envejece igual quien tiene acceso a servicios de salud, acompañamiento, buena alimentación y un sentido de vida, que quien envejece en la pobreza o el abandono. La cultura, la política y la economía también se relacionan con nuestra salud mental, por eso no basta con atender al individuo, es obligatorio mirar nuestro entorno y su historia.
Y es que la salud mental no aparece de repente, ni tampoco es un logro que se obtiene y luego no se pierde, la salud mental es dinámica, se construye día a día. Hay factores que predisponen, que se acumulan a lo largo del tiempo: las enfermedades físicas, sobre todo las crónicas, la soledad persistente, el aislamiento social, la pérdida de vínculos afectivos, la discriminación por edad (viejismo) y las violencias pasadas, especialmente en la infancia, y las presentes. También influye cómo nos han enseñado a expresar o reprimir lo que pensamos y sentimos, por eso es fundamental hablar de salud mental desde la infancia, porque una buena niñez es el primer paso para una buena vejez.
¿Cómo se manifiestan los primeros signos? A veces con tristeza evidente, pero otras veces de forma más sutil: apatía, falta de interés por lo cotidiano, cambios en el apetito o en el sueño, irritabilidad, cambios en la forma de ser o de relacionarse con otros, o simplemente por el aislamiento o retraimiento social. En el caso de las demencias, puede haber olvidos frecuentes, dificultad para seguir conversaciones, desorientación, que limitan la autonomía y la funcionalidad. Es clave aprender a leer esos signos sin juzgarlos ni ignorarlos, no aumentar el rechazo, el estigma o la exclusión, sino entender que pueden ser parte de una enfermedad que necesita ayuda y manejo profesional.
¿Y qué hacer si esos signos aparecen? Lo primero es no resignarse al sufrimiento: hay que reconocerlo, comprenderlo y actuar a tiempo. No quedarse solo. Hablar, compartirlo con alguien de confianza, porque cada emoción no dicha o cada olvido que preocupa, pueden retrasar la ayuda adecuada. Luego, acudir a un profesional de la salud. No todo cambio emocional es una enfermedad, pero todo sufrimiento merece atención y ayuda. Además, los profesionales contamos con diversas herramientas, sencillas y complejas para orientar los casos.
Prevenir no es solo cuestión de medicamentos o chequeos. Prevenir es mantener vínculos y crear nuevos, tener la mente activa, hacer ejercicio, ser parte de los grupos sociales, también cuidar y dejarse cuidar. Por eso, hablar de salud mental en la vejez y ejercerla es un claro ejemplo de humanidad, de respeto y aprendizaje por y de los demás para crecer y mejorar como sociedad. extra. La vejez es también una gran oportunidad para seguir creciendo como personas o de hacer todo tipo de cosas que nunca antes fue posible. Todos tenemos el potencial de llevar una vida sana y plena al hacernos mayores, con un desgaste normal, pero funcional, viable y feliz. Eso no debería ser un privilegio de quienes pueden pagarlo, pero para eso se requiere de saneamiento medioambiental, de programas sociales que mejoren las condiciones de vida y de educación y prevención desde la infancia.



