Gloria Inés Trujillo prepara la maleta para su próximo viaje a Europa, que será en diciembre. Mientras acomoda cada prenda con cuidado —porque es, como ella misma dice, “increíblemente ordenada”— repasa los recuerdos de sus travesías: España, Alemania, Italia, Israel, Perú, Argentina, México… lugares que hoy forman parte de su vida tanto como los libros que ama.
Durante más de veinte años trabajó en el Hospital Santa Clara, en Bogotá. Su carácter alegre, amable y recto la convirtió en una de las personas más queridas por sus compañeros. Algunos de los que compartieron jornadas con ella aseguran que movía el hospital con su energía.
‘Guilly’, como les dicen con cariño amigos y familiares, es amante de la lectura, la historia, el cine clásico y, por supuesto, los viajes. El sueño de conocer el mundo, lo había postergado por el trabajo y la crianza de sus dos hijos, así que cuando ellos crecieron y culminó su vida laboral alzó el vuelo. El primer viaje fue después de recibir su pensión y conocer a un grupo de viajeros que se preparaba para recorrer Sudamérica por tierra.
Para lograr su propósito ahorró con disciplina durante varios meses, estaba convencida de que esa travesía sería su punto de partida, como en efecto sucedió. Con la ilusión de quien estrena una nueva etapa, alistó su maleta y emprendió su primer gran viaje por el continente.
No lo hizo sola. En ese primer recorrido la acompañaron nuevas amistades que luego se convirtieron en su “familia de viaje”. Desde entonces, ha alternado periplos en grupo con aventuras en solitario, demostrando que la independencia no tiene edad ni fecha de caducidad.
El viaje que cambió su vida
El viaje por Sudamérica duró casi dos meses. Se trasladó por tierra con diecinueve personas, explorando ciudades de Perú, Bolivia, Chile y Argentina. Para ella fue una experiencia transformadora: descubrió nuevos paisajes, culturas y, sobre todo, la alegría de vivir sin prisa, disfrutando cada amanecer y atardecer en el camino.
Recuerda que cada parada era una postal nueva y una historia que guardar. En el camino conoció maestros bugüeños que llevaban karaoke y guitarra, con ellos compartió noches de música, risas y brindis. “Era como viajar con una familia que se iba armando en cada frontera”, recuerda entre risas.
En Nazca (Perú) vio desde el aire las misteriosas líneas trazadas sobre el desierto y pensó que nada igualaría esa vista. Pero Bariloche, con sus montañas cubiertas de nieve y sus lagos brillando como espejos, la dejó sin palabras. “Fue majestuoso —dice—, los amaneceres en el desierto, los atardeceres sobre los Andes. Me sentí pequeña y grande al mismo tiempo”.
Ese viaje no solo le permitió conocer lugares con los que había soñado toda la vida, sino que le abrió una puerta: la de viajar sin miedo, la de descubrir que cada nuevo destino podía ser una forma de empezar de nuevo. Desde entonces, ‘Guilly’ ha recorrido Europa tres veces, ha caminado por Tierra Santa, ha estado varias veces en México y ha cumplido, uno a uno, los sueños que había postergado.
Aprendizajes de una viajera incansable
Viajar se convirtió para ‘Guilly’ en algo más que recorrer lugares: es una forma de conocerse, de sanar y de agradecer. “Viajar es abrir los ojos”, repite con una sonrisa serena. Cada destino, dice, le ha dejado una enseñanza distinta.
Su paso por Tierra Santa marcó un antes y un después. Allí, en medio del desierto de Judá, subió a Masada —la fortaleza donde resistieron los judíos frente al Imperio romano— y comprendió el verdadero significado de la fe y la perseverancia. En Jerusalén, frente a los lugares que había leído tantas veces en la Biblia, sintió que la historia y la espiritualidad se unían. “Quería poner mis pies donde alguna vez estuvieron los personajes de los que tanto había leído”, cuenta.
También ha encontrado belleza en lo cotidiano: los mercados de México, los parques de Europa, los museos de historia. En cada sitio busca entender su cultura, probar sus sabores y escuchar a la gente. “No se trata solo de ir, sino de mirar con respeto, de aprender de cada país y de cada persona que se cruza en el camino”, dice.
Consejos para viajeros como ella
A lo largo de los años, el ejemplo de ‘Guilly’ ha inspirado a otros jubilados que sueñan con viajar. De hecho, ha motivado a algunos de sus amigos.
Melisa Bastos, agente de viajes con más de quince años de experiencia, explica que cada vez más personas mayores eligen viajar solas o en pequeños grupos, movidas por el deseo de descubrir nuevos destinos a su propio ritmo.
“Este público busca viajes seguros, con buena logística y acompañamiento profesional, pero también libertad para disfrutar —señala—. Por eso recomendamos planificar con varios meses de anticipación, contratar seguros adecuados y elegir temporadas intermedias, como primavera u otoño, cuando los destinos son más tranquilos y accesibles”.
“Este público busca viajes seguros, con buena logística y acompañamiento profesional, pero también libertad para disfrutar —señala—.

Por eso recomendamos planificar con varios meses de anticipación, contratar seguros adecuados y elegir temporadas intermedias, como primavera u otoño, cuando los destinos son más tranquilos y accesibles”.
Bastos también insiste en la importancia de informar a familiares y mantener contacto durante los trayectos: “Viajar después de los 50 no solo es posible, sino inspirador. Lo importante es hacerlo con responsabilidad y entusiasmo”.
A quienes están en su misma etapa de vida, ´’Guilly’ les deja un consejo sencillo: “No dejen de soñar ni de viajar. La vida no se detiene después de la jubilación; apenas empieza a saborearse distinto”.
Archivo particular Gloria Inés Trujillo





