Estambul, la ciudad milenaria de cuento árabe

24 de enero de 2026
Edificaciones a orillas del Bósforo

Edificaciones a orillas del Bósforo. Foto: Julio César Guzmán

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Estambul (Turquía) huele a castaña en las calles y a pescado en el puerto de Gálata. Sabe a cordero asado, humus, pan árabe, miel, café y té turco. Suena a los murmullos de los rezos, a los graznidos de las gaviotas y a los ronroneos de los gatos. Ocho millones de mininos deambulan por los restaurantes, los hoteles, las plazas, las mezquitas… “Nuestro profeta Mahoma tenía y cuidaba gatos, por eso los amamos”, cuenta Nacho para explicar la presencia de tantos gatos por cada rincón de esta bella y mágica ciudad. La locación perfecta para Aladín, Las mil y una noches o cualquier otro cuento árabe en el que resalten palacios majestuosos y suntuosos, aunque en este caso no alojen a reyes o jefes de estado, ya que son mezquitas, es decir, lugares de culto y oración de los musulmanes.

A este precioso lugar llegamos mi esposo y yo para celebrar 30 años de vida en pareja. Muy pocos si se comparan con los miles de años que tiene Estambul. En su historia relata haber sido durante diez siglos la antigua colonia griega de Bizancio y después la gran Constantinopla, la capital de los imperios Romano, Bizantino y Otomano, que estuvieron por cientos de años.

Cuando se piensa en ello, deslumbra ver que en una sola manzana se  mantengan intactas hasta cuatro mezquitas de diferentes tamaños y años de existencia. Se calcula que existen 3.000 en esta ciudad, en la que conviven 15,7 millones de habitantes con 20 millones de turistas en un año, como ocurrió en 2023, según Euromonitor International, que la puso en el primer lugar de las diez ciudades más visitadas del mundo. Sobran razones para que así sea, pongo las mías: historia milenaria; arquitectura otomana; muestras de culturas diversas que han estado juntas por miles de años; transporte público fácil de usar; gastronomía deliciosa; lugares espléndidos para buenas caminatas y seguridad.

La plaza de Sultanahmet es muestra de varias de ellas. Allí están Santa Sofía y la Mezquita Azul separadas por un  bello jardín. Muy cerca resaltan el Palacio de Topkapi, la Cisterna y otros vestigios de la historia de la humanidad. Santa Sofía es destacada como un importante monumento, tanto que para algunos es candidata a ser elegida como unas de las maravillas del mundo. Fue construida entre 337 y 361 por orden del emperador Constantino para que fuera catedral del cristianismo, pero solo estuvo 44 años por causa de un incendio. La reconstruyeron en 415, pero fue destruida por una rebelión en el año 532. Desde 537 y hasta hoy sigue en pie la tercera estructura, que ha tenido diferentes propósitos. Por siglos fue catedral ortodoxa bizantina, por unos años catedral católica de rito latino y después mezquita (1453 hasta 1931). En 1935 fue inaugurada como museo y desde 2020 nuevamente es mezquita. Por su puesto, su interior refleja esos cambios y las diferentes misiones que le han asignado.

La Mezquita Azul también es una majestuosa edificación, aunque con menos historia. Fue construida por el Sultán Ahmed I entre 1609 y 1616 e inaugurada en 1617, durante el mandato de Mustafá I. El lugar escogido para ella fue el que ocupó el Gran Palacio de Constantinopla y el hipódromo. Aunque su nombre oficial es Mezquita de Sultanahmet, su nombre común se debe a las más de 20.000 baldosas de tonos azules y verdosos que decoran su interior.  Un lugar acogedor al que se llega después de hacer una fila, cubrirse la cabeza (en el caso de las mujeres) y quitarse los zapatos.

Mezquita Azul.
Mezquita Azul. Foto: Ángela Constanza Jerez

Las luces que la iluminan al caer el sol también la hacen resplandecer con tonos azules. Un espectáculo que tuvimos la oportunidad de ver cada noche desde la ventana de nuestro hotel.

Ciudad bisagra

Nacho fue nuestro guía en el paseo por el Bósforo. Él es turco, al igual que su nombre, pero prefiere dejarlo en español, como su marcado acento, para que los turistas podamos entenderlo. Nos contó, como lo narran libros y guías de viaje, que el Bósforo es el estrecho que conecta el mar Negro con el mar Mármara, “el más pequeño del mundo”, dijo Nacho. Desde su barco se ven en las orillas, de lado y lado, grandes mansiones, mezquitas y los puentes que conectan a Asia con Europa. Estambul es la única ciudad del planeta que tiene una parte en uno y otro continente, por eso le dicen que es la ciudad bisagra entre dos mundos, y para que sus habitantes puedan transitarlos les ofrece tres puentes, ferry  y el túnel ferroviario Marmaray. En minutos cambian de continente.

Torre de Gálata en Estambul (Turquía). Foto de Ángela Constanza Jerez
Torre de Gálata en Estambul (Turquía). Foto de Ángela Constanza Jerez

Otro encanto de la ciudad y de su historia es la Torre de Gálata, que prácticamente se puede ver desde cualquier punto. Fue construida por los genoveses en la época medieval, en 1342, para vigiliar y defender a la ciudad. Su nombre original fue Torre de Cristo. Se puede entrar a ella o simplemente recorrer las calles empinadas que la circundan, por el barrio Karaköy, llenas de tiendas, cafés y galerías de arte. También es posible visitar la  Iglesia de San Antonio de Padua, que según las guías es la iglesia católica más grande de Estambul, construida en estilo veneciano.

En las guías de viaje y las decenas de videos que se encuentran sobre Estambul también se recomiendan otros barrios como Balat, con calles estrechas y de colores; Beyoğlu, zona moderna con grandes avenidas; Kadıköy, ubicado en la parte asiática con su mercado de pescado y comida callejera; Eminönü, donde está el bello Bazar de las Especias y el Gran Bazar (similar a San Victorino en Bogotá), y Sultanahmet, la zona más antigua e histórica de Estambul. En todos estuvimos. Eso sí, nos quedamos con las ganas de conocer la Estación de Tren Sirkeci, construida en 1890 como terminal oriental del legendario Expreso de Oriente, que conectaba a París (Francia) con Estambul. El lugar sirvió de inspiración a Agatha Christie para escribir su famosa novela Asesinato en el Orient Express (1934). Tendremos que volver antes de cumplir otros 30 años en pareja para recorrer la Estación, Estambul seguro seguirá con historia de milenaria, pero nosotros no.

Ángela Constanza Jerez
Cofundadora BienVividos y +

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