En la vejez (por supuesto) también se tienen propósitos de año nuevo

30 de enero de 2026
Hombres y mujeres mayores de 50 años se ejercitan felices

Hombres y mueres mayores de 50 años de edad se ejercitan. Vía 'Centre for Ageing Better’s'

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Cada comienzo de año viene acompañado de listas, deseos y promesas: comer mejor, moverse más, aprender algo nuevo, dejar malos hábitos… En los medios de comunicación y en las conversaciones cotidianas este tipo de propósitos suelen presentarse como un ejercicio de renovación personal, casi siempre asociado a la juventud y a las posibilidades que ofrece un futuro ilimitado. Sin embargo, esto no debe ser así, los propósitos de año nuevo también son para las personas mayores, aunque tengan más años vividos que por vivir.

Juan Camilo López, doctor en psicología del Departamento de Piscología de la Universidad de los Andes y médico de personas mayores
Juan Camilo López, doctor en psicología del Departamento de Piscología de la Universidad de los Andes

“En la vejez, como en cualquier otra etapa de la vida, un buen propósito no es el que promete una transformación espectacular, sino el que ayuda a vivir con un poco más de calma, sentido y dignidad”, explica Juan Camilo López, doctor en psicología del Departamento de Piscología de la Universidad de los Andes, quien ha revisado estudios sobre este tema.  

López señala que las investigaciones en psicología y gerontología muestran que los propósitos de las personas mayores tienen otro sentido, ligado más a las capacidades que reconocen tener o no tener, a la calidad de vida que desean y al cambio en sus prioridades, entre otras cosas. Sobre este asunto, conversó con BienVividos y +.

¿Los propósitos se acaban en la vejez?

Uno de los errores más comunes que comenten las personas, sin importar su edad, es creer que se dejan de tener metas o deseos con el paso del tiempo. En realidad, lo que cambia no es el deseo ni la necesidad de tener propósitos, sino su forma y su significado. Esto quiere decir que las personas ajustan sus metas a lo largo de la vida de acuerdo con lo que quieren y pueden hacer – tanto física como emocionalmente-, con su historia y con el ambiente en el que viven. El envejecimiento, en consecuencia, es un proceso vital en el que las personas pueden y deben hacer cambios en su comportamiento para vivir mejor. Desde luego, no podemos olvidar que tales ajustes no son una señal de resignación, sino una muestra muy clara de la capacidad de adaptación de los seres humanos, que constituye una de las manifestaciones de autocuidado y sabiduría que reconocemos en las personas mayores.

¿Qué nos muestra la ciencia en este asunto?

Los estudios científicos muestran que nuestros deseos y propósitos cambian con el paso del tiempo. Por ejemplo: cuando se habla con personas mayores sobre sus deseos y las metas que aspiran alcanzar se puede ver que sus aspiraciones ya no tienen que ver tanto con ideas como “lograr más” o “tener más”. Lo que les interesa, por el contrario, es cuidarse mejor, tener una vida con calidad o disfrutar la vida de la mejor manera, ya que hay mayor consciencia de que el tiempo es limitado. En consecuencia, asuntos relacionados con la salud, la posibilidad de tener relaciones significativas, la tranquilidad y contar con la mayor autonomía posible son los motivos de interés -y también de preocupación- de las personas mayores. Por lo tanto, es muy importante tener en claro que alguien que piensa en estas cosas no está renunciando a cambiar. Lo que busca es conectar lo que desea hacer en este momento de la vida con aquellas cosas que son importantes y las prioridades cambian a lo largo de la vida.   

¿Alguna recomendación para plantear y realizar propósitos en esta etapa de la vida?

Cada uno puede desear y lograr lo que se propone si tiene en cuenta sus propias capacidades y los retos personales a los que se enfrenta. En ese sentido, podemos señalar cinco recomendaciones para que los deseos y las resoluciones de las personas mayores puedan convertirse en acciones efectivas.

1.Piensen en ustedes y en tu contexto: no se comparen. Para elegir lo que nos proponemos hacer debemos ser realistas. Por lo tanto, tiene sentido pensar en las capacidades que tenemos, los recursos con los que contamos y la ayuda que necesitamos de otras personas para que un deseo no se quede solo en una buena intención y nada más. Por ejemplo: propósitos como el aumento en la actividad física dependen de lo que cada persona puede hacer con su cuerpo; comer de manera más saludable está relacionado con los gustos personales y los recursos disponibles para comprar ciertos alimentos en vez de otros; mantener relaciones significativas se relaciona con las oportunidades y los espacios para conectarse con otras personas.  Recuerden que lo que le sirve o motiva a una persona puede que no sea adecuado o posible para ustedes.

2.Identifiquen las cosas que dan sentido a su vida ahora. Los propósitos que motivan a una persona mayor no tienen por qué expresarse como listas de tareas u obligaciones. Varias investigaciones han mostrado que lo que resulta más efectivo es pensar en intereses más generales que le dan sentido a la vida ahora y que pueden expresarse en la forma de preguntas abiertas como: ¿qué quiero cuidar este año?, ¿qué me hace bien?, ¿qué puedo soltar?, ¿a quién quiero dedicarle más tiempo? Dar buenas respuestas a estas preguntas no siempre exige realizar cosas espectaculares. Los propósitos que nos hacemos funcionan si lo que nos proponemos hacer es posible y está a nuestro alcance.

3.Reconozcan con generosidad lo que han hecho hasta ahora. Las personas adultas mayores han podido llegar a esta etapa gracias a las habilidades que han desarrollado en sus trayectorias de vida. El proceso de envejecimiento es, entonces, una época de reconocimiento de todo lo que ha logrado una persona a pesar de los eventos adversos por los que ha pasado. Por esta razón, los propósitos que nos hacemos no siempre se tienen que expresar en la intención de hacer algo nuevo o querer aumentar las cosas que ya tenemos. A veces, lo que es realmente valioso consiste en dar sentido a lo vivido, en reconocer el valor de la propia historia y en sentirse parte de algo más grande: una familia, una comunidad, una memoria compartida. Estas ideas han sido confirmadas en varias investigaciones en las que se ha descubierto que tener metas personales —como propósitos de año nuevo— sigue siendo importante en la vejez, pero que lo que es importante es lo que se desea, pues en esta época de la vida son más importantes las experiencias que tengan un significado emocional positivo y contribuyan al bienestar presente, que los deseos orientados al crecimiento material.

4.Los deseos más sencillos pueden llegar a ser los más importantes.En las personas mayores, los propósitos sencillos y bien definidos pueden tener un impacto significativo tanto en la salud física como en la salud mental. La investigación sobre este tema muestra que pequeños cambios sostenidos —como aumentar ligeramente la actividad física, seguir con mayor regularidad los tratamientos médicos o mantener rutinas sociales simples— pueden mejorar la funcionalidad, el estado de ánimo y la sensación general de bienestar de una persona. Así, más que realizar transformaciones drásticas, lo que resulta clave es la percepción de control sobre la propia vida y las decisiones cotidianas, ya que sentir que se puede influir, aunque sea en aspectos pequeños, está estrechamente relacionado con mejores resultados en salud y calidad de vida de los adultos mayores.

5.Es válido que los propósitos no se cumplan.  Es muy importante recordar que no cumplir un propósito no convierte a nadie en una persona irresponsable o una persona “que está envejeciendo mal”. En consecuencia, conviene ser cuidadosos con ciertos discursos sobre el “envejecimiento exitoso” que presentan la vejez como un proyecto que debe cumplirse perfectamente. Los propósitos que se convierten en una obligación que dice “si no haces esto, estás envejeciendo mal” dejan de ser una herramienta de cuidado y se transforman en una fuente de preocupación y culpa. Por lo tanto, los propósitos de año nuevo no están para corregir quiénes somos, sino para ayudar a mejorar la forma cómo vivimos.

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