No es cierto que “loro viejo” no aprenda a hablar, como dice un conocido refrán. La ciencia ha demostrado que aprender a lo largo de la vida es posible y además beneficioso para las personas.
Carlos Moya, neurólogo y docente universitario, explica que el cerebro siempre está en constante actividad para aprender, por lo cual el paso de los años no es un impedimento para conocer cosas nuevas.
“Gracias a la neuroplasticidad, las personas mayores pueden seguir formando nuevas conexiones neuronales. Lo importante es mantener la curiosidad activa y tener oportunidades para ejercitarla”, dice.
Las conexiones neuronales son relevantes porque le dan al cerebro la capacidad de reorganizarse y tener nuevas ideas. Aunque esa capacidad disminuya con el paso de los años, no desaparece. “En el caso de las personas mayores, contar con nuevos aprendizajes implica que el cerebro se mantenga en constante actividad, lo cual ayuda a que se refuercen nuevos circuitos neuronales”, añade.
Estos circuitos, explica el neurólogo, se dan de la siguiente manera:
1. Recepción de la información: los sentidos captan estímulos (auditivos, visuales y táctiles) que envían al cerebro.
2. Procesamiento: las áreas corticales analizan la información y la relacionan con conocimientos previos.
3. Formación de nuevas conexiones: las neuronas cambian señales químicas y eléctricas, fortaleciendo así la sinapsis ya existente en el cerebro.
4. Consolidación: las conexiones se estabilizan integrándose en la memoria de largo plazo.
En personas mayores, sostiene el neurólogo, se potencia este circuito de aprendizaje cuando se combina la estimulación sensorial, el reto cognitivo y la práctica constante, como sucede en el caso de aprender a tocar un instrumento musical. Para nada consiste en escuchar y reproducir sonidos, sino que implica coordinar movimientos finos, seguir patrones rítmicos y memorizar secuencias. Cada una de estas acciones activa redes neuronales distintas que, a su vez, al interaccionar origina un efecto multiplicador en la plasticidad cerebral, incrementando la agilidad mental y la capacidad de adaptación.
Un estudio de la Universidad de California de 2023 muestra que las personas mayores que participaron en actividades relacionadas con fotografía y programación no solo lograron aprender sin ningún problema, sino que también perfeccionaron su memoria y atención en tareas cotidianas.
Aprender es cuidar el cerebro
De acuerdo con la geriatra Claudia Restrepo, el aprendizaje en edades avanzadas es necesario para estar saludable. “Mantenerse intelectualmente activo es una de las formas más efectivas de prevenir el deterioro cognitivo. Aprender nuevas habilidades estimula distintas áreas del cerebro, fortalece las conexiones neuronales y, a largo plazo, puede retrasar o incluso prevenir enfermedades como el Alzheimer”.
La geriatra señala que el aprendizaje puede ser de cualquier tipo, no necesariamente de carácter académico. Las clases de cocina, de baile y de actividad física, así como la alfabetización digital ayudan a ejercitar y mantener activo el cerebro.
Su mensaje es: el aprendizaje a lo largo de la vida no solo es posible, es indispensable para la salud mental. Además de permitir nuevos conocimientos y habilidades, mejora la memoria, disminuye la posibilidad de un deterioro de las capacidades cognitivas, refuerza la autoestima y proporciona un sentido a la vida.





