Ana Cristina Botero y Raquel Sofía Amaya protagonizan la comedia ‘Las ochenteras estamos de moda’, que permite reírse y reflexionar sobre lo que superaron los jóvenes colombianos hace 40 años.
Estos dos nombres evocan la televisión colombiana desde hace más de cuatro décadas: Ana Cristina Botero y Raquel Sofía Amaya. La primera, de la mano de su hermana, María Cecilia, y su padre, Jaime, actuó en numerosas producciones de la pantalla chica, y luego con ‘el gordo’ Benjumea, puso en práctica las artes de la comedia y el teatro.
Amaya, por su parte, aún guarda un seudónimo que pone a prueba la memoria de los televidentes: la ‘Pinina’ colombiana. ¿Alguien recuerda quién fue Pinina? ¿Y alguien sabe que la original era argentina? Pues Raquel Sofía Amaya tuvo ese apelativo cuando apenas cumplía 8 años, y desde entonces se dio a conocer.
Botero y Amaya no solo compartieron los viejos estudios de Inravisión, en la calle 24, sino que luego coincidieron en la Universidad Javeriana y se hicieron amigas desde entonces. Los recuerdos de esa época alimentan hoy su comedia ‘Las ochenteras estamos de moda’, que se presenta en el Teatro Belarte todos los sábados, a las 8 p.m.
“La de los 80 para mí fue la mejor generación –dice Botero– . Es que superó demasiadas cosas. Hoy, la gente que no ha superado tantas cosas, a la primera caída, dice: ‘Ay, estoy deprimido’”. A lo cual responde Amaya: “Y una cosa muy linda es que hemos podido ser un éxito y llegar al público sin necesidad de empelotarnos”.
– No, porque ¿con qué, mami? O sea, ¿cuál insumo? ¡No lo hicimos a los 25, lo vamos a hacer ahora!
Este tipo de diálogos de la vida real impregnan la obra, junto a la música, la moda, los peinados y los dichos de la década de 1980. Es una mezcla de comedia y drama, que se diferencia de otros montajes recientes. “En otras obras, se emborrachan y se cuentan las cosas –prosigue Botero–. Nosotras nos decimos las cosas sin un solo trago. De frente. En sano juicio. Y eso es exaltar la amistad de dos personalidades absolutamente distintas. La gente dice: Pero ¿cómo son amigas? Y es que es posible convivir en la diferencia. Sin eliminarnos”.
BienVividos y + habló con las actrices, que por momentos no pueden separarse del arquetipo de sus personajes: Helena Santamaría (Botero) y Sara Pombo (Amaya) y al igual que ellos, viajan atrás en el tiempo:
¿Cómo nació la obra?
Ana Cristina Botero: Nosotras nos conocemos hace muchísimos años. En televisión, obviamente, estuvimos en una novela, estuvimos en un seriado, siempre hemos coincidido. Y además, en la misma universidad. Yo estudiaba filosofía y letras y Raquel Sofía, comunicación social. Nos conocimos también porque mi novio en ese momento era compañero de ella y fue su compañero de tesis.
Y una vez, en un almuerzo con mi hermana María Cecilia y con otra amiga, de pronto Raquel dijo: Oiga, Ana, Tengo una idea como chévere, para hacer las dos una obra de teatro, y yo he estado mirando esta cosa de los ochenteros: somos una generación extraña en el sentido de que somos productivos en este momento, los dueños de empresas, las personas que como tú siempre se están inventando cosas, somos muy inquietos intelectualmente hablando. Ya nuestros hijos están grandes. Hay unas que no vamos a ser abuelas nunca porque mi hijo pertenece a la generación de ‘No hijos’. Entonces, dijimos: Hagamos algo. Y empezamos a botar ideas las tres con la amiga nuestra. Hablemos de los 80, de la universidad y nos agarramos del cuento de que mi novio y compañero de ella… él era el bonito de la carrera y yo era la bonita de la carrera. Éramos como una pareja que todas las javerianas se quedaban mirándonos como quien dice: ‘¿Estos qué hacen juntos? Nada que ver las dos carreras’, pero fíjate que sí.
Y ahí empezamos a recordar y Raquel dijo: Hagamos una obra que recuerde la universidad, cómo crecimos en la calle, los juegos que teníamos, cómo era de chévere uno hablarse con los amigos, las fiestas, las reuniones de la universidad, que eran reuniones de verdad. Uno de verdad se reunía a trabajar y a tomarse su cervecita, pero todos sentados, socializando. No en el celular, como hacen ahora.
Raquel Sofía Amaya: Y era una generación que había que reivindicar, porque están reivindicadas la de los 60 y la de los 70, pero la de los 80 no, porque se consideraba que era una generación perdida. Y había que reivindicarla porque es una generación puente, nosotros tuvimos lo último de algo y lo primero de algo, la última máquina de escribir y el primer computador, es una generación de transición y esa fortuna no la tiene nadie, solamente los de los 80.
¿Cómo escribieron el texto?
RSA: Yo hice toda una investigación y escribí el libreto y lo fuimos enriqueciendo con Ana Cristina y luego con los directores.
¿Es muy autobiográfica?
RSA: Claro, digamos que crecimos entre la dualidad de ser ‘yupis’, gomelas o mamertas. Entonces claro que hay guiños a nuestra biografía.
¿Cómo abordaron, por ejemplo, el tema de la salud y el bienestar?
RSA: Uno es joven a la edad que uno quiera. Y la mirada de la edad y de la longevidad ha cambiado completamente. Antes, yo pensaba que una señora de 60 años era una viejita chuchumeca, completamente distinta a lo que es una mujer de 60 años hoy en día, que es completamente productiva, que es la reserva moral de la sociedad. Que es llena de vitalidad, energía, de sueños, de conocimientos y con ganas de cambiar el mundo.
ACB: Desde mi personaje, quisimos también abordar una cosa y es que toda la vida a las mujeres que decidieron tener hijos y ser amas de casa siempre las han estigmatizado de una manera que no debe ser. Porque eso es decisión de cada cual, ¿verdad? Nuestra generación fue una generación que… La que decidió estudiar y no tener hijos, chévere. Y la que decidió casarse, chévere, también. Tenían el poder de decidir. Pero conozco muchas amigas mías que dijeron: Entonces, ¿usted para qué estudió si se iba a dedicar a ser ama de casa? Eso es estigmatizar a las personas. Es problema de ella, pero igual pasó por una universidad, tuvo la socialización de la universidad, que es muy importante, y tuvo los conocimientos. ¿Cómo los aplica? Es problema de ella. Entonces, por eso decidimos que Helena Santamaría (mi personaje) decidió ser ama de casa. Pero pudo decidir. Y reivindicar eso, hay una frase que yo digo: Decidí ser ama de casa y no me arrepiento un solo día de mi vida, porque lo he hecho muy bien. Punto.
También abordan dilemas de la tecnología, ¿qué punto de vista quisieron poner?
RSA: A mí me parece que la tecnología es una herramienta superimportante y hay que abordar ese analfabetismo digital al que estamos abocados. Por otro lado, hay que mirar con lupa ese tema de las emprendedoras y emprendedores de la web que carecen absolutamente de talento y que el mal gusto parece ser su sello del éxito. A mí sí me molesta.
ACB: Esa es la parte fea y negativa de la tecnología porque debe utilizarse en lo que debe ser. Para beneficiar a las personas, para socializar también, pero no una cosa que cada vez la están banalizando más, la están prostituyendo de cierta manera. Nosotras, como actrices, por ejemplo, te doy un datico: para que a uno lo llamen siquiera a hacer un ‘casting’, lo primero que se fijan es cuántos seguidores tiene.
RSA: Sí, y a mí el tema de los seguidores me molesta mucho, porque si de seguidores se trata, pues Hitler tenía más seguidores que todos.
ACB: Ahí hay una cuestión que también es: ¿Hasta qué punto la prostitución de todas estas redes sociales, de una herramienta que se nos presentó para que fuera una herramienta, se volvió un fin? Entonces, no importa lo que tú hagas, cómo seas, qué digas, si eres vulgar, si eres ordinario, no importa… ¡Hay que tener seguidores! Entonces, nosotras llevamos años en esta profesión, crecimos en esta profesión, la amamos, la respetamos y tenemos la mística suficiente, pero no: nos dicen que no tenemos suficientes seguidores.
Y desde el punto de vista de nosotras, como profesionales de la actuación, ¿cuál emprendedora de la web se puede subir a un escenario? Que se suban. A que mantengan a 100 o 200 personas durante hora y media así, concentradas.
RSA: Para empezar, que se aprendan un libreto, y que lo interpreten. Eso es imposible.
Un momento de conexión importante con el público es cuando recuerdan la realidad del país en la década de los 80…
RSA: Uy, la gente ahí queda conectadísima… Es que nos pasó de todo. El Palacio, Pozzeto, las bombas del narcotráfico… La obra tiene eso, sube y baja, sube y baja. Esas imágenes son muy fuertes. Están adheridas en el corazón. Y uno siente la energía de la gente, porque ahí queda en completo silencio. Y la gente habla con los hijos y le explica qué pasó en esa época.
ACB: Que es lo que queríamos lograr. Que la gente se acordara de eso para después decir: Lo hemos superado.
¿Qué aprendizaje les ha dejado a cada una de ustedes hacer esta obra?
RSA: Yo he aprendido que hay formas distintas de contar la historia y que eso se lleva en el alma, en la piel.
ACB: Yo he aprendido que con el humor la gente se puede educar, puede recordar con un poco de dolor, porque sucedió, (en cuanto a la parte maluquita). Pero también encuentran la tal resiliencia, que en la obra llamamos berraquera, como para decirse a sí mismos: Oye, lo superamos. Somos unos berracos.
‘Las ochenteras estamos de moda’.Comedia con Raquel Sofía Amaya y Ana Cristina Botero. Dirigida por Santiago Vargas y Juan Ricardo Gómez. Sábados, 8:30 p.m. en el Teatro Belarte (Bogotá), carrera 7 n.° 152-54. Reservas: 321-4614194 o en Atrapalo.com.
Por Julio César Guzmán, creador de Cuatro de Julio – @julguz | Especial para BienVividos y +





