En un salón lleno de risas y cuadernos abiertos, un grupo de estudiantes repasa sus apuntes de historia del arte. No son jóvenes recién egresados del colegio, son personas mayores de 50 años que decidieron regresar al aula para continuar con el estudio, compartir experiencias y mantener activo el cerebro.
Cada vez más universidades en Colombia están abriendo espacios de aprendizaje pensados especialmente para quienes superaron las cinco décadas de existencia. Son programas que combinan conocimiento, bienestar y socialización. En ellos, el saber académico se conecta con la experiencia de vida.
Uno de estos programas es Sapiencia, de la Pontificia Universidad Javeriana en Bogotá, que ofrece cursos de literatura, tecnología, arte, idiomas y bienestar integral. Una de sus coordinadoras explica que estos espacios no son para títulos ni calificaciones: “buscamos que las personas encuentren aquí un lugar para reencontrarse con la curiosidad; para aprender por gusto y compartir con otras personas que están en su misma etapa de vida”, señala Diana Bejarano, coordinadora académica de Sapiencia.
En Medellín, la Universidad EAFIT lidera el programa Saberes de Vida, que combina talleres culturales y académicos para mayores de 55 años. En Cali, la Universidad del Valle ofrece su Programa de Extensión para Personas Mayores, con clases de arte, salud mental, filosofía y expresión corporal. Y en Bucaramanga, la Universidad Industrial de Santander (UIS) cuenta con actividades de educación continua diseñadas para este público, desde idiomas hasta charlas sobre bienestar y vida activa.
En todas estas experiencias, el propósito es el mismo: fortalecer la mente, la autonomía y el sentido de comunidad. Algunos de sus estudiantes lo resumen con emoción: “volver a estudiar nos devolvió la chispa. Uno cree que ya lo vivió todo, pero en el aula uno se da cuenta de que todavía hay mucho por descubrir”, afirma Bertha Ardila Plata, participante del programa para mayores de la UIS.
Por un cerebro activo
Además de obtener nuevos conocimientos, estudios de neuroeducación demuestran que el aprendizaje continuo mantiene el cerebro activo, mejora la memoria y puede prevenir el deterioro cognitivo.
La Unesco destaca que “la neuroplasticidad permite al cerebro cambiar y adaptarse a lo largo de toda la vida” (Unesco Institute for Lifelong Learning, 2023). Además, investigaciones recientes publicadas por el National Institute on Aging (NIA) señalan que “el cerebro continúa creando nuevas conexiones incluso en edades avanzadas, especialmente cuando se enfrenta a nuevos retos cognitivos”(NIA, 2024).
Pero más allá de los datos, estos clubes son también una respuesta emocional: un espacio para encontrarse, conversar y sentirse parte de algo.Inscribirse suele ser sencillo: las páginas de educación continua de las universidades publican los programas, que tienen calendarios flexibles y costos accesibles. No se requiere experiencia previa, solo ganas de aprender.
Quienes han pasado por estos cursos aseguran que lo más valioso no es el contenido, sino las conexiones. Entre clases, cafés y risas, descubren nuevas amistades y hasta proyectos de vida.





