México, España, Ruanda, Colombia, Perú, Estados Unidos… Diego Bernardini viaja a diferentes destinos, pero siempre con el mismo mensaje: no hay que anclarse en la edad biológica ni en los estereotipos sobre la vejez. Debemos aprender sobre el envejecimiento, sobre envejecer en el siglo XXI con los cambios que tenemos gracias a los avances científicos del siglo XX. De cada uno de nosotros depende que esa nueva etapa de vida sea saludable y plena.
“El paso del tiempo, la longevidad, siempre fue una vivencia personal e individual, pero por primera vez en la historia comienza a ser una experiencia colectiva, un fenómeno social (…) Ser viejos y buscar ser felices es algo que depende de cada uno y es una decisión subjetiva que cada uno determinará en un momento de su vida”, señala en su libro La segunda mitad: los 50+ vivir la nueva longevidad.
Bernardini nació en Buenos Aires (Argentina). Es médico de familia y kinesiólogo por la Universidad de Buenos Aires, Máster en Gerontología y Doctor en Medicina por la Universidad de Salamanca (España). Cuenta con formación en geriatría, salud pública, educación médica y rehabilitación en Estados Unidos, Reino Unido y Suiza.
Trabajó en Norteamérica, Europa, América Latina y Sudeste Asiático, en entidades como la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Banco Mundial, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Fundación Academia Europea de Yuste. Ha sido TEDx speaker en Argentina y México y es el fundador de la comunidad de aprendizaje ‘La segunda mitad’. Es un académico e investigador sobre la nueva longevidad y el envejecimiento, temas sobre los cuales hace consultoría estratégica y da conferencias internacionales, por eso se considera “un divulgador en salud y bienestar de adultos y personas mayores”. Algo que hace con bastante éxito a juzgar por el número de personas que asisten a sus charlas, a sus cursos y el registro de su mensaje en importantes medios internacionales.

BienVividos y + habló con él durante el reciente viaje que hizo a Bogotá. Su recomendación es prepararse para el envejecimiento aprendiendo de todo lo que hoy se sabe sobre esta etapa de la vida. Eso incluye no discriminar a las personas por su edad. Aprovechar conocimientos, experiencias, sabiduría de quienes son mayores y apostarle a la intergeneracional, con diálogo, con conversación, porque la longevidad está permitiendo la convivencia de diferentes generaciones que tienen mucho para aportar al desarrollo de las naciones.
En su libro La segunda mitad: Los 50+ vivir la nueva longevidad, así como en sus charlas, insiste en que debemos aprender a envejecer. ¿Qué debemos aprender y cómo debemos hacerlo?
Tenemos que aprender lo que significa poder aceptar y asimilar el paso del tiempo. Así como hemos aprendido a leer, como hemos aprendido algún oficio, alguna profesión o algún idioma, también tenemos que aprender a poder convivir con el paso del tiempo y aceptar las ventajas y también, por supuesto, las limitaciones que implica eso. Hoy, a través de la ciencia, a través de las investigaciones, sabemos perfectamente que las personas que, de alguna manera, pueden afrontar y pueden aprender a convivir con ese paso del tiempo en sus vidas, suelen tener mayor bienestar. Entonces, me parece que esto es un aprendizaje que depende de cada uno de nosotros, del propio autoconocimiento, de la reflexión y de aceptar la vida tal como es, porque de alguna manera la vida es envejecer y envejecer es la vida.
¿También ha insistido en que debemos conversar sobre el envejecimiento y la longevidad? ¿Específicamente sobre qué debemos conversar?
Tenemos que conversar sobre lo que significa ser una persona mayor. Ser una persona mayor significa haber, si se quiere, sobrevivido a las vicisitudes que tiene la vida. Y lo que estamos haciendo como sociedad, y que conocemos como edadismo, es en algún sentido discriminarlas, excluirlas, invisibilizarlas. Me parece que eso tiene un trasfondo muy fuerte porque es una herida hacia nuestro propio futuro, pero también tiene una aproximación de análisis que es social porque nos estamos perdiendo de experiencia, de sabiduría, de tradiciones, de capital humano. Ese es el punto importante sobre el cual tenemos que empezar a conversar. Hoy, como está planteada la sociedad, la edad simplemente nos marca o nos indica el tiempo que llevamos vivos y esto en una persona mayor no tiene por qué, al ser ese número más alto, hacerle perder derechos, posibilidades, oportunidades.
Usted ha señalado que con la nueva longevidad tenemos que repensar la cultura. ¿A qué se refiere?
A poder entender justamente eso mismo del punto anterior. Hoy la cultura, digamos, parecería ser que prioriza aspectos que no sé si son tan válidos. Yo no sé si todo joven es exitoso, que no lo es. Entonces me parece que la cultura tiene que ser una cultura que se adapte a este siglo XXI, que es un siglo de intergeneracionalidad, donde el desarrollo del siglo XX, que nos ha permitido expandir esa expectativa de vida, hoy nos está permitiendo convivir con diferentes generaciones. Diferentes generaciones significan diferentes experiencias, caminos, cursos de vida y eso me parece que tiene un valor que es impresionante y eso nos está hablando de una nueva cultura a la cual tenemos que no solo darle espacio sino fomentarla.
¿Cuáles son los principales desafíos que tiene nuestra región con esta forma tan acelerada de cambio demográfico?
Bueno, yo creo que fundamentalmente son dos. Primero, el nivel de desigualdad social, la baja tasa de cobertura en protección social, protección social que de alguna manera tiene que ver con cobertura de pensiones, pero también con sistemas sanitarios que no están adaptados a una población mayor. Y todo esto se traduce también en una fragilidad institucional, una fragilidad institucional que tiene que ver, no solo con lo que es la traducción en protección social, sino con que todavía pesa muy fuerte en nuestra región el hecho de que cada nueva administración, cada nuevo gobierno, borra con el codo lo que hizo el anterior. Hay una falta de continuidad y dadas las circunstancias que tenemos en nuestros países no podemos perder tiempo. Y esto no es más ni menos que perder tiempo.
¿Qué país está haciendo bien la tarea en relación con los desafíos que impone esta nueva realidad?
Creo que en realidad no hay un único país. Hoy tenemos la posibilidad de tomar prácticas exitosas de distintos países. Japón es una referencia, los países nórdicos son otra. España es otra. Países en nuestra región, como Uruguay, como Costa Rica, como Chile, en algún aspecto. Como Colombia, por supuesto. Colombia es un punto muy importante en nuestra región en este momento. Hoy te podría mencionar lo avanzado que está Colombia en la regulación, en el marco legal y en la implementación de lo que es, por ejemplo, muerte asistida y cuidados terminales. Tenemos, aquí, en Bogotá, en su plan estratégico la necesidad de crear una política pública basada en nueva longevidad, lo cual la coloca en la primera ciudad en la región que habla a nivel de política pública en nueva longevidad. También tenemos datos muy confiables sobre el perfil de las personas mayores: cuáles son las tendencias, las proyecciones. Tenemos Corficolombiana, que acaba de presentar un reporte muy válido de lo que significa la tendencia del punto de vista de las proyecciones financieras. Tenemos el Banco Popular, que tiene una estrategia orientada a mantener la inclusión y el protagonismo de las personas mayores. Bueno, hay prácticas exitosas aquí en Colombia que pueden perfectamente exportar. Y no me quiero olvidar del Consejo Distrital de Sabios y Sabias, que María Conchita (Ramírez) lideró durante muchos años.
¿Una recomendación para el lector común sobre el envejecimiento?
Prepararse para la nueva longevidad. Hoy tenemos suficiente información para no solo poder vivir más años, sino para poder vivirlos mejor. Prepararse.
Por Ángela Constanza Jerez Trujillo
Cofundadora de BienVividos y +





