Las mujeres mayores son víctimas de violencia de género en Colombia, como lo evidencian casos recientes y cifras de Medicina Legal. Uno de ellos es el de Blanca Emeria Pardo Rosero, de 72 años. Su familia la encontró el 29 de agosto de 2026, herida y sin ropa en un terreno de la vereda Plazuelas, en San Bernardo (Nariño). Murió poco después en un hospital de Pasto.
Sus familiares aseguraron que los médicos les dijeron que presentaba signos compatibles con una agresión sexual. Más de un mes después, no se conocen capturados ni sospechosos y el caso sigue en investigación. “Mi mamá no murió, a mi mamá la mataron”, dijo su hija, Jenny Pardo, al denunciar públicamente lo ocurrido.
Otros casos recientes apuntan en la misma dirección. En Apartadó (Antioquia), las autoridades investigan presuntos tocamientos de carácter sexual contra una mujer de 94 años con alzhéimer en un centro de cuidado. En San Vicente de Chucurí (Santander), la Policía capturó por orden judicial a un hombre de 28 años señalado de acceso carnal violento contra una mujer de 70 años.
“No es que estas violencias no ocurran en la vejez, es que como sociedad todavía nos cuesta reconocerlas, nombrarlas e investigarlas con la misma atención con que se investigan los casos de violencia hacia las mujeres jóvenes”, afirma Viviana Tonguino Guerrero, gerontóloga de Medellín. Tonguino, originaria de San José de Albán (Nariño), municipio vecino de San Bernardo, compartió en sus redes sociales el caso de Blanca Pardo cuando la familia buscaba visibilidad.
Cifras evidencian los tipos de violencia
Entre enero y julio de 2026, el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses realizó 92 exámenes médico-legales por presuntos delitos sexuales contra personas de 60 años o más, frente a 70 en el mismo periodo de 2025, un aumento del 31,43 %. De esos 92 exámenes, 81 correspondieron a mujeres. Ellas también son mayoría entre las personas mayores lesionadas por su pareja (466 de 648 casos) y por violencia intrafamiliar (968 de 1.718).
En las muertes violentas, que incluyen accidentes y eventos de tránsito, los hombres son 2.399 de las 3.172 víctimas. Los homicidios de mujeres mayores pasaron de 54 a 68 casos entre 2025 y 2026, de acuerdo con el comunicado del instituto del 9 de octubre de 2026. El reporte no precisa cuántos fueron feminicidios.
En Bogotá, entre enero y marzo de 2026, las comisarías de Familia atendieron 1.125 casos de violencia contra personas de 60 años o más, y el 69 % de las víctimas fueron mujeres, conforme a la Secretaría Distrital de Integración Social. En el 48 % de los casos, quien agredió fue un hijo o una hija, y en el 17 %, la pareja. La violencia psicológica fue la más frecuente (71 %) y la sexual apareció en 1 %.
“No podemos normalizar ningún tipo de violencia, incluido el abandono, contra las personas mayores, especialmente cuando ocurre en el entorno familiar”, afirmó María Cristina Tobón, subdirectora para la Vejez de la entidad en el informe de mayo 2026 por la Secretaría Distrital de Integración Social.
Las cifras, sin embargo, no cuentan todo. La gerontóloga Tonguino señala que hacen falta datos que crucen edad, sexo, zona rural o urbana, discapacidad, deterioro cognitivo y relación con el agresor. “No basta con tener cifras generales de violencia contra las mujeres o de violencia contra las personas mayores”, dice. Además, explica que algunas mujeres no denuncian “por miedo, por vergüenza, por esa dependencia económica que puedan tener, por aislamiento”.
El campo y la demencia dificultan pedir ayuda
En las zonas rurales, las mujeres mayores enfrentan más barreras, como grandes distancias a los servicios de salud, falta de transporte y poca presencia institucional. “La ruralidad no es el problema en sí mismo. El problema es que muchas mujeres rurales enfrentan mayores barreras para acceder a esa protección y a la justicia. Sin asumir que toda muerte violenta de una mujer va a constituir automáticamente un feminicidio, ni descartar esa hipótesis por la edad”, afirma Tonguino.
Una investigación de Profamilia y el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO), publicada en marzo de 2021 sobre el municipio de Dabeiba (Antioquia), concluyó que las mujeres rurales e indígenas se ven doblemente afectadas por las violencias dirigidas contra ellas y por imaginarios patriarcales que subvaloran lo femenino. Las autoras señalan además que las rutas de atención a víctimas de violencia de género en las zonas rurales siguen quedándose en el papel y no se adaptan a las condiciones de cada territorio.
La demencia también puede ser una barrera para que una persona mayor exprese la violencia de la que está siendo objeto. “No podemos hacer depender toda la respuesta institucional de que una persona pueda denunciar por sí misma”, dice Tonguino. Por eso pide a familias y cuidadores observar cambios de conducta, como miedo repentino hacia una persona y agitación o rechazo al contacto, y no leerlos automáticamente como síntomas de la enfermedad. Esa resistencia “puede ser una forma de expresar incomodidad, dolor, miedo o también la falta de consentimiento”, afirma Tonguino.
También sugiere que al elegir un centro de cuidado se vea más allá de la infraestructura y la alimentación: cómo se garantizan la dignidad, la intimidad y la seguridad, qué formación tiene el personal, qué protocolos existen frente a las violencias y cómo se presentan quejas. “Puede que haya buenas políticas públicas. El problema es que del papel se pase a la acción”, dice, una situación que cree que Colombia comparte con otros países de América Latina.
Desde las instituciones, el director general de Medicina Legal, Ariel Emilio Cortés Martínez, señaló en el comunicado la necesidad de contar con políticas públicas de protección integral y de redes comunitarias y familiares de apoyo para salvaguardar la vida e integridad de las personas mayores. Para Tonguino, prevenir exige actuar en tres niveles: el Estado, las comunidades y las familias. “La protección de las mujeres mayores no puede depender de la suerte de tener una familia que las defienda o de vivir en un territorio donde alguien decida escucharlas”, afirma.
Su mensaje para las mujeres mayores que viven violencia es claro: “A una mujer mayor que esté viviendo violencia le diría que no está sola, que merece ser escuchada y que ninguna circunstancia justifica que alguien la agreda, la humille, la amenace o abuse de ella. No importa si tiene 60, 80 o 100 años, no importa si necesita ayuda para movilizarse, si depende económicamente de otra persona o si tiene un diagnóstico de alzhéimer o de alguna demencia. Sus derechos siguen siendo los mismos”.
En Bogotá, las mujeres mayores pueden reportar la violencia a través de la Línea Púrpura Distrital, cuyo contacto varía según la localidad de residencia a través de la Ruta Única de Atención a Mujeres Víctimas de Violencias y en Riesgo de Feminicidio (RUA). Sin embargo, todas las personas mayores pueden reportar casos de violencia en la línea “Una llamada de vida” de las Comisarías de Familia: 601 380 8400.
“La dignidad también significa vivir sin miedo, conservar los derechos sobre el propio cuerpo y recibir protección. La violencia contra una mujer mayor debe investigarse, debe atenderse y también debe prevenirse con la misma seriedad que cualquier otra forma de violencia de género”, finaliza la gerontóloga Tonguino.
Por: John Clavijo | Jaks
Periodista BienVividos y +





