“Mi nombre es Rosalba Rojas Torres. Quiero decirles que vivo en la localidad 20 Sumapaz. El grupo de mujeres campesinas, el teatro, nos ha servido para conocer y defender nuestros derechos. Soy mayor. Ya no corro, camino despacio y en algunas ocasiones me siento con alma de niña. Somos empíricas, estudiamos en la universidad de la vida con humildad, respeto y admiración. Nos inspiramos para llevar un mensaje a nuestras comunidades y así, entre todas y todos, cuidar nuestro planeta”.

Rosalba Rojas Torres
Rosalba es una de las 15 personas mayores que con generosidad compartieron sus experiencias de vida y saberes en “Relatos del Páramo y la Selva”; la serie de contenidos digitales que recoge las voces de residentes de la zona rural de Sumapaz y la selva Matavén en Vichada-Guainía, presentada en la capital del país a comienzos de noviembre, en el marco del Festival de Literatura de Bogotá.
Esta serie hace parte de la biblioteca digital del proyecto Historias en Yo Mayor de las fundaciones Saldarriaga Concha y Fahrenheit 451, la cual visibiliza desde 2011 las historias y los saberes de las personas mayores.
Rosalba estuvo en Bogotá para compartir con el auditorio lo que significó para ella participar en el video documental de la serie, en el que registró cómo la compañía de teatro en la que participa, Las Frailejonas, ha sido para ella y para las demás integrantes “pasado, presente, futuro y libertad”. Un teatro campesino, como dice Rosalba, que les ha permitido empoderarse para defender sus derechos y los del páramo de Sumapaz, el más grande del mundo.
Con ella también estuvo en Bogotá Alejandro Camacho, coordinador del proyecto Selva de Matavén, que significó a los expedicionarios realizar “dos rutas desde Puerto Inírida: una a favor de la corriente del río Orinoco en dirección a Caño Zama; la otra, con la corriente en contra para buscar a los mayores de los lugares más alejados del brazo Amanavén hasta Morocoto, por ello se cuenta con relatos en español, en puinave y en piaroa”, como explicó Javier Osuna de la Fundación Fahrenheit 451, quien coordinó las expediciones y el trabajo con las comunidades para la elaboración de los relatos.

Alejandro Camacho
Gracias a Alejandro, los seis pueblos étnicos de la selva de Matavé, que habitan un santuario de protección y conservación con el que tienen una fuerte conexión, dejaron su testimonio en el video documental y las cartillas como un legado para conservar la cultural y la preservación de la biodiversidad.
“Este ejercicio (recopilar los relatos de las personas mayores) es importante porque en Colombia las voces de las personas mayores no siempre son escuchadas. Tenemos que reconocer que cuando una persona mayor cuenta su historia rompemos ciertos estereotipos que aún tenemos sobre las personas cuando envejecemos. Nos permite abrir conversaciones, crear vínculos entre las generaciones, entender no solo cómo eran las cosas en determinado momento, sino qué transformaciones se han dado y cómo podemos mirar al futuro con una perspectiva distinta. Esas historias conectan y generan empatía”, señaló Norma Constanza Sánchez, gerente de operaciones de la Fundación Saldarriaga Concha, durante el panel en el que fue presentado “Relatos del Páramo y la Selva”.
BienVividos y + conversó con Rosalba y Alejandro sobre sus vivencias y el significado de participar en este proyecto de memoria de las personas mayores.
‘Supimos que teníamos derechos solo hace 15 años’: Rosalba
¿Cómo nació la idea de crear Las Frailejonas y llevar la esencia del páramo a otros lugares?
Las Frailejonas nacieron hace más o menos 15 años, cuando una alcaldesa nos enseñó que nosotras también tenemos derechos y que los tenemos que defender. Es decir, hace muy poco tiempo. Aunque eso no terminará por el machismo que es mundial. Algunas dirán que no, pero nosotras mismas a veces somos también machistas, nos criaron con esa cultura, pero entonces ya hemos comprendido que no, que tenemos que defender nuestros derechos (…) A mí me gustaba el teatro desde pequeña por una profesora, entonces les propuse a mis compañeras, como por curiosidad, que hiciéramos teatro para defender nuestros derechos. Nos dieron la oportunidad de que algunos profesores nos ayudaran, pero ninguno de los profesores se ha impuesto, es lo nosotras decimos.
¿Qué significa para usted haber crecido en el páramo de Sumapaz y trabajar en esta bella zona?
Agradecerle a Dios por esa oportunidad, porque vivir en el páramo de Sumapaz es estar en un paraíso. Yo no me hallo viviendo en la ciudad ni en ningún otro lado, es frío, pero yo allá. Yo llegué de 10 años, 11 años. Allá hice mi esposo. Mis hijos son de allá y parte de mis hermanos son de la localidad 20 Sumapaz, del páramo más grande del mundo. Es un privilegio estar allá, entonces uno como que se inspira y hace las coplas, los versitos, los poemas. Hasta he podido escribir algunas obras Cortas.
¿Qué ha cambiado en su localidad desde que están Las Frailejonas?
Yo tenía problemas de sentirme menos que los demás cuando venía a Bogotá y me sentía terrible y ya eso me está pasando. Yo ahora puedo sentarme acá a decir algo del cambio que estamos despertando, de la conciencia que estamos creando con los mensajes de nuestras obras, son mensajes que llevamos más bien de nuestros derechos. Hay unas obras de nuestros derechos y de nuestra madre tierra y de que hay que cuidar el planeta. Y si no, no dejamos nada para nuestras generaciones venideras. Entonces cambió, por ejemplo, ser yo como libre. Hacerle unas coplitas a nuestra fauna, a nuestra flora.
¿Qué enseñanzas le ha dejado participar en Las Frailejonas?
Despertar la conciencia, sentir que puedo dar un mensaje a los niños, a las niñas, de que sigan siendo humildes y que sigan transmitiendo la humildad en la sencillez. También de que tenemos que cuidarnos y cuidarnos de nosotros mismos. Y para mí me ha ayudado a mi salud mental porque estoy envejeciendo y entonces a veces algunos adultos decimos no, yo ya no sirvo para eso y esto me demuestra que sí puedo estar aquí. Para mí eso es grande. Tiene mucho valor para nosotras que digan que lo que hacen Las Frailejonas está muy bien.
‘Nos enorgullece conversar y preservar la cultura’: Alejandro
¿Qué es lo que más le enorgullece de su territorio y sus comunidades?
Estoy orgulloso porque tenemos seis grupos étnicos de diferente cultura con una necesidad en común, con un propósito común, que es la conservación y la preservación de la cultura y la biodiversidad.
¿Qué papel juegan las personas mayores en la preservación de estos saberes y esta cultura?
Para nosotros las personas mayores son el eje rector para la conservación, porque ellas son las que nos recomiendan a nosotros qué es lo que vamos a hacer para la conservación y qué no debemos perder para conservar. Es mantener lo que ellos han hecho hasta el momento.
¿Qué significó participar en ‘Relatos del Páramo y la Selva’?
Aquí llevamos un proceso de conservación. Tenemos mayores en cada grupo étnico y a cada uno de ellos los estamos perdiendo constantemente. Ya estamos quedando personas con poco conocimiento, entonces para nosotros, para mí personalmente, fue muy importante que los sabedores que quedan hasta el momento sean testigos de lo que se está perdiendo y, por lo tanto, ellos deben de contar su historia.
¿Por qué es importante recoger y compartir estas historias con el país?
Es muy importante porque la conservación de la cultura para nosotros es importante y debe serlo para el país que es multicultural. Nosotros debemos articular con otros, con otras culturas y otros departamentos. Y también estar presente con ellos. Y qué bien sería por las mismas historias que estén presentes a nivel nacional.
¿Qué esperan que sientan sobre la vida en el páramo quienes conozcan estos relatos?
Nosotros vivimos de un extremo a otro extremo, pero somos un grupo de seres humanos que estamos conservando. Por un lado, el agua es vital para todos y nosotros la biodiversidad que existe de antes en la selva es muy importante y por eso debemos cuidarla. Pienso que debemos de articular esos conocimientos, saberes para que eso se sostenga y no se acabe.
¿Qué mensaje quiere dejarles a las nuevas generaciones?
Lo que queremos es que no se pierdan los saberes y que los niños, la nueva generación, los aprovechen. Es lo único que tenemos para poder tener principios de cómo vamos a sostener la conservación de nuestro territorio y la biodiversidad y, como decía, preservar nuestra cultura. Ahí está la historia, para eso es que queremos dejar este legado.





